Maltrato institucional

Maltrato institucional

 

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Hace unas semanas acompañé a un chico que atendemos en Apananá al Centro de Salud Mental, donde tenía cita con un psiquiatra que le atendía por primera vez.

 La razón por la que yo le acompañaba es porque, entre otras cosas, le estoy apoyando en la tramitación de solicitud de discapacidad. 

Cabe mencionar que mientras esperábamos en la sala de espera nos entregaron un formulario de 5 páginas que X debía cumplimentar ya que, según nos comentaron, era el protocolo establecido. A lo largo de esas 5 páginas figuraba un completo repertorio de preguntas muy personales e íntimas. X, que había acudido tranquilo a la consulta, se fue calentando con el extenso cuestionario y, a mi forma de entender, con toda la razón, me comentó que esas preguntas se las debía hacer el profesional directamente en la consulta y no por escrito (también hay que tener en cuenta que parte de su psicopatología le produce una especial desconfianza hacia los demás, por lo que no me parece un protocolo muy acertado para un paciente con una enfermedad mental…no pude evitar pensar que si hubiese asistido él solo a la consulta, ese habría sido motivo suficiente para que no entrase en la consulta). 

Una vez entregado el formulario, nos recibió un psicólogo muy amable que nos acompañó al despacho del psiquiatra. Supongo que éste estaría de prácticas porque se limitó a observar y a anotar.  

El objetivo de mi asistencia era acompañar a X para asegurarme de que acudiese a la cita pero también para explicar al médico que para la solicitud de discapacidad necesitábamos un informe actualizado de su estado de salud mental y que además X necesitaba seguimiento de Salud Mental que no estaba recibiendo así como la supervisión de su medicación para poder llevar una calidad de vida mínimamente digna. Primer aspecto que detecté que no le sentaba bien al médico (ese rechazo que tienen muchos de ellos a redactar informes).

Sin embargo, el médico accedió a que yo estuviese presente en la consulta tras pedirle permiso y que X corroborara su deseo de que yo estuviese.

Desde el principìo el comportamiento del Dr. me chirrió por cómo estaba dirigiendo la entrevista. Pero nunca habría imaginado en lo que desencadenó.

X, debido a su estado de salud mental y a sus experiencias previas, se mostró crítico con el colectivo de psiquiatras y ante una pregunta del Dr. (en mi opinión, nada acertada), X le contestó que él era el profesional y como tal debería saber la respuesta. A pesar de ser una respuesta socialmente inadecuada, cabe destacar que X presenta una psicopatología y que en ningún momento se mostró agresivo ni física ni verbalmente más allá de esa contestación (es decir, ni alzó el volumen de voz, ni emitió insulto alguno ni mucho menos realizó comportamiento alguno que pudiese vislumbrar avecinarse cualquier tipo de agresión física). 

De repente, y ante mi total asombro, el que entró en cólera fue el propio Dr. quien, ni corto ni perezoso me inquirió con una cara totalmente enojada: “ ¿Es siempre tan desafiante”?  Y sin esperar mi respuesta (que en ese estado tampoco se la iba a dar) se dirigió a continuación a X, totalmente enfurecido y alzando la voz muy considerablemente: “ ¡¡¡No tolero que un chico de veintitantos años y sin estudios me diga cómo tengo que hacer mi trabajo. Esto no lo consiento. Aquí ha terminado la consulta, fuera del despacho!!!! Gritó. Pude ver que hasta le temblaban las manos de lo enfurecido que se había puesto.

Yo me quedé petrificada. ¿Cómo reaccionar adecuadamente ante una falta de autocontrol tan grande por parte del que se supone un profesional que debería estar sobradamente preparado y conocer las características y dificultades de la población a la que atiende? ¿cuánto más un profesional cuyas canas y arrugas deberían ser signo de una gran experiencia? Nada más lejos de la realidad…

Mi reacción, equivocada o acertada, fue salir del despacho junto a X sin entrar en la discusión, pues dentro de mi paralización,  intenté evitar un conflicto mayor (tampoco tenía sentido intentar defender a X ante alguien fuera de sí). 

X y yo nos dirigimos al mostrador de entrada a poner una reclamación. En un momento determinado que salí a atender una llamada, salió el Dr. y al ver allí a X le dijo que si no se iba inmediatamente llamaba a la policía. 

Por si no hubiera actuado ya antes desastrosamente, terminó de rematarlo. 

El resto de la mañana la pasamos poniendo reclamaciones; solicitando nuevamente un cambio de psiquiatra; intentando conseguir que nos diesen una nueva cita e intentando calmar a X. 

Vamos, que toda la movilización que nos había supuesto lograr que X acudiese a la cita (que os puedo decir que se trata de un proceso de mucho tiempo de continuos recordatorios y llamadas) se había ido al garete por una falta de autorregulación del psiquiatra.

Esa mañana la reclamación había sido escrita y presentada por X y yo no dejaba de pensar si debía presentar otra como profesional que asiste a tal maltrato institucional, pensando que no se podía permitir tal desprotección de los pacientes (más si cabe cuando X proviene de una situación de desprotección, maltrato y vulnerabilidad en sus primeros años de vida).

Después de comentar todo lo sucedido con mi compañero César, no me quedó ni la más mínima duda de que debíamos proteger a X y para ello efectivamente debía presentar mi propia reclamación como profesional que presenció una inadecuada praxis médica. 

El mismo día que presentaba mi reclamación, pero unas horas más tarde, me llamaba la madre de X para decirme que había llegado una carta en contestación a la reclamación de X, que decía que lamentaban mucho lo ocurrido pero no se podía permitir más de un cambio de médico al año. ¿Cómo puede tener la Administración un procedimiento tan cuadriculado? Si el propio médico había echado de la consulta a su paciente…

A día de hoy todavía estoy a la espera de contestación a mi reclamación, que dado este resultado tan decepcionante no sé si cambiará en algo la respuesta, cosa que me extraña.

Todo esto me hace pensar que quien debería ser más protegido lo que se encuentra es justo lo contrario: profesionales que carecen de profesionalidad y que han perdido su vocación si es que algún día la tuvieron; Administración que no atiende a situaciones particulares y protege al mal profesional en lugar de al ciudadano maltratado; consecuencias irracionales… ¿qué tipo de atención médica puede recibir ahora X de ese Dr. que explotó con toda su ira y le echó de la consulta? ¿qué más se puede hacer? ¿qué más se puede esperar?

¡Desde luego que este maltrato institucional en ningún caso se debería permitir! Desde aquí lo poquito que queda es mi denuncia.

Belén Ruiz de Miguel

 

 

Campamentos y miedos

Campamentos y miedos

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Con la llegada del verano, llega también el momento de irse de campamento. A algunos  niños adoptados y acogidos les pueden surgir miedos e inquietudes y, por eso, es importante hablar con ellos y darles la seguridad que necesitan. Aquí os vamos a dejar una serie de recomendaciones.

El miedo al abandono se puede incrementar; esto lo pueden exteriorizar preguntando varias veces si los vais a recoger a la vuelta, si os podrán llamar, si los vais a llevar… Por ello es importante recalcar la permanencia, repetirles las veces que sea necesario que vais a estar esperándoles cuando vuelvan del campamento, que os podrán llamar.  Es útil enseñarles en un calendario los días que se irán de campamento y marcarlos, también podéis ver fotos del lugar dónde se va a realizar el campamento.

A estos niños la incertidumbre les puede generar angustia, el no saber qué se va a hacer, qué va a pasar…Una forma de calmar esa incertidumbre podría ser ver juntos las actividades que se van a realizar. Podéis pedir al campamento que os envié el horario base que llevarán a cabo y así se lo podéis enseñar a vuestro hij@.

Otro miedo que puede surgir es el miedo a dormir fuera de casa. Una solución es que  lleven algún peluche u objeto que les haga sentir seguros. Además podéis enseñarles técnicas de relajación como contar de 100 a 0 con los ojos cerrados, o pensar en las actividades divertidas del día.

También puede que tengan miedo a perderse en las excursiones que se hagan en el campamento; para ello podéis hacerles una pulsera con vuestros números de teléfono por si se pierden que sepan a quién llamar y eso les de tranquilidad.

Otro de los miedos que suelen aparecer es el miedo a no hacer amigos o no saber relacionarse. Una forma de ayudarles en este aspecto es decirles que se unan a grupos pequeños de niños o algún juego y  hacer juntos una lista de juegos que puedan proponer ellos.

A la hora de hacer la maleta podéis hacerla con ellos, viendo qué cosas llevan, explicándoles cuando se tienen que cambiar de ropa (parece muy obvio pero a algunos niños les puede costar) dejándoles elegir,en la medida de lo posible, la ropa que quieren llevar, y si quieren llevar algún libro o peluche.

También es importante que sepan reconocer a los monitores como figuras de seguridad, diciéndoles que están ahí para lo que necesiten y que siempre podrán acudir a ellos, pero que también son figuras de autoridad a las que deberán hacer caso en todo momento.

Finalmente, os recomendamos que hagáis todo lo posible por hablar con el coordinador del campamento y explicarle las características de vuestro hij@, teniendo en cuenta que tendrá a cargo muchos niños más y cada uno con sus necesidades específicas.

Todos estos recursos los podéis resumir en un folio que vuestro hij@ se pueda llevar al campamento y leerlo cuando lo necesite.

 

Vandita García Garrido

Avances en genética y adopción

Avances en genética y adopción

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Con las nuevas tecnologías y nuevos avances en genética, cada vez se va descubriendo que la herencia genética tiene más carga de la que se pensaba. Ya no hablamos sólo de aspectos médicos o factores relacionados con la salud;   también pueden ser determinantes diversos aspectos de la personalidad y ciertos factores sociales.

Esto es un avance maravilloso, pero para algunas personas adoptadas puede añadir dudas,ya que en muchos casos no conocemos nuestra herencia genética y no tenemos con quién compararla.

Somos conscientes de que nuestra personalidad está determinada en gran parte por nuestras vivencias, pero para nosotros puede que ese 5% que depende de la genética sea muy importante, por el simple el hecho de venir de nuestra familia biológica y de nuestros orígenes, los cuales en muchos casos desconocemos.

Estas dudas nos pueden generar malestar, incertidumbre , miedos…

Puede que se cree un nuevo concepto de búsqueda de orígenes, la búsqueda genética. Dudo que esta búsqueda se resuelva con un test genético como nos dicen muchos; estas dudas quizá no se resuelvan nunca y tendremos que aprender a adaptarnos a estas novedades y aprender a diferenciar lo que realmente es genética y lo que ha sido y es determinado por nuestra propia historia de vida, seamos o no adoptados; tendremos incluso que valorar aquellos aspectos positivos que no sabemos de dónde nos vienen y que pueden estar relacionados  relacionados con nuestra herencia genética.

Vandita García Garrido

 

Inscripciones en charlas, jornadas, cursos sobre adopción: ¿y las personas adoptadas?

Inscripciones en charlas, jornadas, cursos sobre adopción: ¿y las personas adoptadas?

Captura de pantalla (75)Hace tiempo me quise apuntar a una charlas  sobre Búsqueda de orígenes, y a la hora de inscribirme la opciones que me daban eran: Profesional de la adopción y familia adoptiva. No había una opción que fuese: persona adoptada.

Decidí  inscribirme como profesional de la adopción , ya que soy trabajadora social y colaboro en varias asociaciones de adopción, pero me hubiera gustado haber puesto persona adoptada, porque en este caso es lo que me motivaba a asistir.

Quizá algunos os preguntéis por qué no me inscribí como familia adoptiva, el motivo es que cuando se habla de familia adoptiva se refieren a los padres y madres y no a los hijos e hijas, algo curioso porque los que damos la condición de adoptiva a la familia somos nosotros.

Esto me ha pasado varias veces, pero esta vez me llamó más la atención, ya que como he dicho antes era una charla sobre Búsqueda de orígenes, y algo que nos dicen continuamente es que esa búsqueda es un derecho nuestro, es algo en lo que nosotros decidimos, con o sin el apoyo de nuestros padres, pero es algo nuestro. Por eso me llamó la atención que justo los que estábamos “excluidos” éramos los propios adoptados.

A menudo escucho frases como: “Qué bueno sería que los jóvenes adoptados estuvieseis más involucrados”, “-No sabemos cómo involucrar a los jóvenes adoptados, no tienen motivación” “No les interesa esto”.

Sinceramente no tengo la solución a estos problemas pero sí os puedo sugerir algo:

Queridas asociaciones, gabinetes psicológicos, CC.AA y todos aquellos que organicéis charlas, cursos y jornadas sobre adopción:

En la ficha de inscripción dadnos la oportunidad de apuntarnos como personas adoptadas, en los carteles, en la publicidad del evento  poned que también están dirigidas a nosotros. No deis por hecho que no nos interesa, dejadnos demostrar que algunos según vamos creciendo  tenemos inquietudes, queremos aprender y asistir a estas charlas.

Dadnos al menos la oportunidad de hacerlo, esa oportunidad de la que tanto hablamos por que a veces es invisible, empecemos a crearla desde las propias asociaciones, instituciones, y profesionales involucrados en la adopción, y para ello no hace falta que asistan 5 personas adoptadas, solo hace falta incluirnos en las inscripciones y en la publicidad del evento.

Vandita García Garrido

Adolescentes y consumo de drogas y alcohol

Adolescentes y consumo de drogas y alcohol

 

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Que los adolescentes no estén motivados para dejar de consumir drogas, normalmente porros y alcohol, no significa que no estén motivados para cambiar algo en su vida. La mayoría de los adolescentes que llegan a consulta, lo hacen obligados y sin motivación alguna para iniciar un tratamiento orientado a la deshabituación de cualquier sustancia, pero pocos son los que no reconocen desde el primer momento un motivo por el que sí puedan necesitar ayuda. Suele ser su queja inicial y principal la relación que tienen con sus padres. ¡Esto ya es un motivo!. Más adelante y si hay  buena adherencia y confianza, reconocen que se acaban “rayando” más de lo normal y que tal vez su manera de consumir tal vez no sea la más sana. En cualquier caso todo lo que se consiga forma parte de un proceso que nada tiene que ver con señalar al joven directamente como problema y menos aún como “drogadicto”. No demos por hecho que para recibir ayuda ha de estar motivado y ha de ser él o ella quien quiera cambiar y en su caso querer dejar de consumir una droga. Ésta es una ilusión que en el caso de los adolescentes supone un porcentaje bajísimo. En el peor de los casos siempre se puede iniciar una intervención con la familia y así evaluar, y tal vez comenzar a actuar de una manera más funcional a pesar de no intervenir directamente con su hijo/hija. De hecho, en algunas ocasiones y en casos más leves ni siquiera es necesaria esa intervención directa con el joven.

Cuando abordamos terapéuticamente el consumo de drogas por parte de un adolescente, si no incluimos a la familia, normalmente padre y madre o el sistema encargado de su protección, será muy complicado que este proceso de toma de conciencia y cambio se ponga en marcha. El consumo continuado de una sustancia es por lo general síntoma de algo más, y normalmente anterior al inicio de ese consumo. Suele suponer ese consumo la voz de alarma de algo que muy probablemente transcienda al joven consumidor e implica otros sistemas como el familiar principalmente, pero también el escolar y/o social. No se trata de culpabilizar a nadie sino de tener en cuenta todas las piezas del puzzle posibles y responsabilizar a cada miembro del sistema de su parte correspondiente en la solución al problema.

Lo que nos ha llamado a menudo la atención a los profesionales que trabajamos atendiendo estos casos, es que no se haya considerado la opción de buscar ayuda profesional antes de que apareciera el consumo. Ésto es especialmente importante en el caso de adolescentes adoptados que son traídos a consulta por sus padres y madres para recibir atención. “La adopción nunca ha sido un problema y eso lo tiene superado”, refieren algunos padres y madres, dando por hecho que el problema aparece cuando se ha juntado con tal amigo y ha comenzado a consumir. Reflexionemos sobre ello.

César sánchez Prieto

Reivindicando el valor del vínculo. Una reflexión tras la reciente jornada organizada por Psicoveritas sobre Psicología y Adopción.

Reivindicando el valor del vínculo. Una reflexión tras la reciente jornada organizada por Psicoveritas sobre Psicología y Adopción.

 

 

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A menudo surge la duda, y así ocurrió durante la jornada del sábado, acerca de la efectividad de las distintas terapias y herramientas. Si unas son más eficaces que otras, si ésta me ayudó a mi pero esta otra no, si ójala hubiese conocido aquella antes. Pudimos ver incluso alguna comparativa entre ellas a raíz de una encuesta promovida por Petales y explicada en las jornadas por parte de Javier Herrera, abogado y presidente de PETALES. Si hablamos solamente de técnicas, unas ya han sido contrastadas empíricamente y suficientemente validadas y otras no lo están aún pero es cuestión de tiempo que acabarán siendo validadas y reconocidas por las autoridades científicas dado que apuntan de momento buenos y esperanzadores resultados. Pero hablar solamente de técnicas es olvidar algo fundamental, y en particular cuando nos dirigimos a población adoptada y familias adoptivas. En este caso me refiero a no olvidar la transcendencia de la alianza terapéutica, elemento esencial en toda psicoterapia.  Éste concepto, acuñado por Bordin en 1979, sostiene que una adecuada alianza terapéutica es un factor de cambio esencial en toda forma de psicoterapia, aunque la naturaleza del cambio varíe en función de la modalidad psicoterapéutica. La idea de la alianza terapéutica tiene su origen en el modelo psicoanalítico, pero se ha generalizado al resto de modelos. Y un componente de la alianza terapéutica es el vínculo terapéutico que se establece entre el paciente y el terapeuta, favorecido por factores como la calidez, aceptación positiva incondicional, autenticidad y empatía del terapeuta con su paciente. Esto último no va a depender de la técnica y sí de la persona que ejerce la profesión. Durante mis 17 años de experiencia ininterrumpida como psicólogo atendiendo personas, junto a la de tantos colegas de profesión de un amplio espectro de técnicas y orientaciónes psicoterapéuticas, he podido comprobar cómo esto es así día tras día. Una buena técnica resulta fallida si el vínculo creado no ha sido satisfactorio, y por otro lado si una técnica no resulta del todo eficaz pero sí se ha construído un vínculo reparador, la experiencia terapéutica dará frutos en alguna dirección. Como he escuchado a algún colega, “las terapias funcionan a pesar de las técnicas y de los psicólogos”. Y esto es así porque el vinculo en si mismo ya repara, y no se nos debe olvidar. El niño, joven o adulto que fue adoptado, anteriormente fue abandonado. Y tal como señaló durante las jornadas Javier Álvarez Osorio, presidente de ARFACYL, “el abandono en si mismo es un maltrato”. Por ello excluir el vínculo terapéutico como variable determinante en los procesos terapéuticos es no haber entendido nada acerca de la adopción. Y no solo el vínculo con el joven adoptado, también con la familia que desde mucho tiempo antes de adoptar ha recorrido un auténtico carrera de fondo y obstáculos, llena de frustraciones e incertidumbre, hasta llegar ese momento. Cuidemos por favor ese vínculo todos los protagonistas implicados en la atención a la persona adoptada y persona adoptante, desde psicólogos, maestros, profesionales de la administración, trabajadores sociales, educadores,  hasta un largo espectro de profesionales.

Familias y jóvenes adoptados recorrerán desde el principio y se expondrán a distintas orientaciones psicoterapéuticas y técnicas. Toda intervención sumará siempre que se haga con honestidad,  honradez y profesionalidad entre otras virtudes, y cuidemos la relación terapéutica a través del vínculo. En numerosas ocasiones ocurre que el resultado de una intervención no es el esperado y merecido por la persona atendida. No olvidemos que cada momento e intervención, forman parte de un largo proceso en el que si se ha cuidado lo suficientemente bien y siempre desde el BUEN trato a esa persona, en si mismo ese trato será reparador. Nuestro trabajo es un continuo reparar, que nunca llegará a compensar el daño recibido, pero si ayudará a crecer, madurar y en el mejor de los casos favorecerá aquello que llamamos resiliencia.

César Sánchez Prieto

 

¿Y si hablamos de adopción y oportunidad?

¿Y si hablamos de adopción y oportunidad?

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Hace poco me preguntaron qué significaba para mí ser adoptada y dije: “oportunidad”.

Y no nos confundamos, no me refiero a oportunidad por el hecho de que mis padres me hayan adoptado… No, eso del agradecimiento por ser adoptada no lo comparto.

Hablo de la oportunidad que he tenido y que tengo a la hora de ser como soy. Es cierto que no todo lo que soy es por ser adoptada, pero sí creo que gran parte tiene que ver con eso.

Las oportunidades que me ha dado ser adoptada han sido, por ejemplo, la elección de mi profesión, Trabajadora social; mi vocación y mi sensibilidad por los menores y las familias, especialmente familias adoptivas y de acogida, estoy segura que es por el hecho de ser adoptada. Al igual que la sensibilidad que he ido desarrollando, pero que  desde pequeña he tenido hacia el prójimo y las injusticias sociales.

Otra de esas oportunidades es el hecho de ser una persona sensible y una persona que le gusta conocerse a sí misma. Además, creo que he adquirido la capacidad de continuar adelante a pesar de que las cosas no salgan bien y esto también es una oportunidad porque puedo transmitírselo a otros para que puedan hacer lo mismo. Y es que, ser adoptada no conlleva siempre ser “normal” sino ser diferente, pero lo diferente no es malo, es simplemente diferente.

Sin embargo, estas oportunidades hay que saberlas aprovechar, hay que saber mirarlas,apreciarlas y desarrollarlas para poder potenciarlas y, en mi caso, poder ponerlas al servicio de los demás.

La adopción no es todo corazones, pero tampoco es todo espinas; la adopción a veces es dolor y a veces oportunidad, pero siempre es aprendizaje.

Vandita García Garrido

¿Cuando finaliza la adopción?

¿Cuando finaliza la adopción?

Hay una frase que he leído varias veces, que dice “Se fue adoptado, no se es adoptado”. Yo no estoy de acuerdo con esa frase, el hecho de ser adoptado es una característica de la persona, negarlo implica que serlo es negativo. 

Dicho esto os pregunto ¿Cuándo creéis que finaliza la adopción? ¿Cuando el menor llega a la familia adoptiva, cuando se ha comunicado la condición adoptiva, cuando ha terminado la adolescencia o cuando se cumplen los 18 años?

Muchas veces me da la sensación de que caemos en el error de pensar que a partir de los 18 años ya no hay que preocuparse por la condición adoptiva de un persona, que a partir de los 18 años lo único que puede preocupar es la búsqueda de orígenes, o el momento de formar una familia ya que lo relacionamos con el espejo biológico.

Siendo una persona adoptada joven, tengo miedos que considero “negativos” por el hecho de considerarlos infantiles. Me sigue costando quedarme sola en casa no por el hecho de la soledad sino por el hecho de que mis padres no vuelvan o cuando llegan más tarde lo habitual, me pongo muy nerviosa. A veces sueño con que voy a ver mi orfanato y mis padres deciden irse y dejarme allí, esto conlleva que cuando me acuesto necesito saber que hay gente en casa. Cuando he roto amistades lo he sentido como un nuevo rechazo y a veces estos miedos me impiden confiar en los demás por el hecho de pensar “bueno como se irán, es mejor no querer” y eso da mucha rabia. Antes mis dudas hacia mi madre biológica eran en cuanto al físico y ahora las busco más en cuanto a mi personalidad.

Con estos ejemplos os quiero hacer ver que a veces surgen miedos nuevos o se reviven miedos que se creían superados, surgen dudas que no se habían planteado o que se plantean de otra forma. Estos miedos y/o dudas  puede que de vergüenza exteriorizarlas, al considerarlas como “cosas infantiles”, por lo que pedir ayuda se complica. También es importante que los padres comprendan que quizá no son el primer apoyo al que se acude o que se necesita, ya que a veces se prefiere exteriorizar ciertas cosas  con otras personas pero aun así, sigue siendo importante su presencia y comprensión.

 A estos aspectos se les junta los  nuevos cambios a los que hay que enfrentarse sin “papá y mamá”: nuevo centro de estudios o trabajo, ir al médico solo, hacer trámites burocráticos etc.

Los sentimientos en torno a la adopción son muy variados, no tienen porque ser negativos o positivos, son simplemente sentimientos que irán surgiendo en las diferentes etapas vitales, sentimientos que hay que respetar e intentar comprender.

Los sentimientos no están asignados a edades o a etapas vitales, y no debemos encasillarlos nosotros en edades o etapas, porque sino podríamos hacer que muchas personas no sean capaces de exteriorizarlos.

Hay que crear espacios para que jóvenes y adultos adoptados puedan hablar, expresar y sentirse escuchados.

 

Los miedos de los padres

Los miedos de los padres

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Hace unas semanas leí un magnífico post de Adopción punto de encuentro escrito por Íñigo Martínez de Mandojana, al que felicito desde aquí por los originales y geniales post que siempre escribe. Éste último, si no lo habéis leído os recomiendo hacerlo; podéis verlo en el siguiente enlace: http://adopcionpuntodeencuentro.com/web/miedo-del-miedo-que-da-por-inigo-martinez-de-mandojana/?fbclid=IwAR3x2sjs5R384bLyj64f_dIbOP1jIFibH85BdC7.

En él nos habla de los miedos que tienen las personas adoptadas, que Íñigo ha sabido reflejar y transmitir con muchísimo acierto y claridad.

En nuestras conversaciones con los compis de Apananá, aparecen también con frecuencia los miedos de los padres adoptivos y hoy os quiero hablar sobre ellos ya que, ocultar esos miedos, lejos de que puedan pasar desapercibidos, pueden palparse en el reflejo de los hijos.

Pero ¿de qué miedos estamos hablando?

En mi opinión, existe un primer miedo relacionado con el juicio experimentado por los padres adoptivos. Estos padres llevan a sus espaldas la  vivencia de un gran cúmulo de presiones sociales. En no pocos casos han sentido una gran presión social de quienes de manera indiscreta se han permitido emitir juicios de valor sobre los motivos por los que no han podido concebir y qué debían hacer para conseguirlo. Más adelante y, después de un largo proceso, se han visto sometidos muy frecuentemente a opiniones y valoraciones que no pedían sobre lo que socialmente muchas personas presuponen que es adoptar.

Después de haber sido la adopción su opción más o menos meditada, muy esperada y demasiado deseada , sienten miedo a “pedir ayuda” por el temor que existe al: “ya te lo advertí”, “quién te mandó meterte en esto con lo tranquilos que viviais..”  y este miedo se traduce en una habitual ausencia en los recursos que están a su alcance, tanto durante la espera como después de la llegada del hijo, porque acudir a ellos se puede interpretar como “fracaso suyo”, como algo que han hecho mal para llegar a esa situación, como que ellos solos no pueden…

Otro miedo que suele estar presente es el temor a que el hijo sea diferente a los demás y a querer evitar esas diferencias a toda costa. Pero cuando en vez de entender y aceptar las diferencias, éstas se tapan, lo que se hace es negar la realidad; se niegan las condiciones y características específicas que va a vivenciar una persona adoptada de otra que no lo es. Es tal ese miedo que se intenta “normalizar” todo tanto que se pasa al extremo de no abordar las diferencias que el hijo adoptado ha vivido. Si el hijo no hace preguntas sobre su adopción el padre/madre interpreta que es porque no le interesa; el comportamiento del hijo se interpreta como motivo de rebeldía y que le cuesten los estudios se justifica con la premisa “ esto le ocurre porque es vago”.

También nos encontramos con el “miedo a que mi hijo sufra”. Con el dolor que causa saber que el hijo ya sufrió en su pasado y que ya ha sufrido un abandono, surge el padre/madre que quiere evitar a toda costa que su hijo siga sufriendo y para ello evita cualquier motivo que pueda hacer resurgir el dolor. De esta manera cree que protege a su hijo: no hay una evolución en lo que se comunica al hijo sobre su origen  dulcificando la información de su origen cuando el hijo ya cuenta con la suficiente madurez emocional para comprender y aceptar la información. Es importante recordar, en estos momentos, que el saber aunque puede causar un gran dolor en un momento determinado, se puede llegar a aceptar aunque no siempre se comprenda y ese dolor tenderá a aplacarse. Sin embargo, cuando no se sabe, cuando no hay información o incluso peor, cuando hay secretos, el dolor es mucho mayor y éste no desaparece. Se muestra en sentimiento de vacío recurrente.

El miedo que sienten muchos padres a que “mi hijo me deje de querer” o a “que se vaya algún día” se refleja en forma de silencios; cuesta entonces integrar a la familia biológica como parte de la vida del hijo y como parte de su identidad. Y el hijo entonces se siente en un conflicto de lealtades en el que si se decanta por una de las dos partes, está haciendo daño a la otra… y se calla su dolor porque el silencio atrae más silencio.

Cuando los padres por temor tapan la realidad y las necesidades de sus hijos los que sufren esos miedos son los hijos. Porque ellos se seguirán sintiendo “bichos raros”, porque será preferible no expresar sus diferencias, necesidades y demandas; porque les parecerán “tonterías” sus sentimientos; porque no encontrarán entre sus iguales a alguien que realmente sea igual que ellos; porque seguirán guardando silencio por miedo a defraudar a sus padres y a su entorno.

¿Y cómo pueden superar esos miedos los padres? Cuando un hijo se pone enfermo, los padres buscan la solución para curarle. Es como si los padres temiesen llevar a su hijo enfermo al hospital por miedo a que ellos fuesen culpables, pongamos por caso, de la bronquitis de su hijo. Si esos padres no acudiesen en ese momento al hospital, esa bronquitis podría derivar en una neumonía.

Los padres necesitan comprender y entender que el origen de muchos conflictos familiares no parte de sus hijos sino que nace de sus propios miedos, que no han sido escuchados y sostenidos adecuadamente. Cuando los padres se apoyan en los recursos existentes para trabajar sus miedos,esos apoyos les pueden ayudar a entender mejor al hijo; les puede ayudar a aprender a comunicarse mejor con él/ella; pueden encontrar un lugar en el que compartir con otros padres y madres en la misma situación inquietudes comunes y  los hijos pueden contar con un espacio en el que encuentran referentes de iguales y profesionales que hablen su mismo idioma con ausencia de juicio, que es el origen de esos temores.

Acudir a los recursos de apoyo no es sólo un factor de protección preventivo, que ofrece mayores garantías de éxito en el funcionamiento de las familias adoptivas, sino que además, para eso están creados.

Belén Ruiz de Miguel

 

 

 

Actividades “divertidas”

Actividades “divertidas”

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En el colegio hay multitud de tareas que a primera vista pueden ser divertidas y que los profesores seguramente plantean con toda su buena intención. Pero esa diversión, en el caso de niños adoptados, se puede ver un poco truncada. A continuación, os voy a contar algunas de esas tareas “divertidas”:

El tópico del árbol genealógico: esta actividad año tras año sigue realizándose en primaria. Este árbol se basa en los genes familiares y nuestros genes no son los mismos que los de nuestra familia, por lo que tendríamos que hacer un árbol con siluetas y no con fotos como se pide. El caso es que cuando se lo comentas al profesor te suele decir que lo hagas de tu familia que es a eso a lo que se refiere.  Y yo me pregunto ¿tanto cuesta llamarlo árbol de la vida o árbol familiar? De esta forma evitarían que nuestros padres o nosotros mismos tengamos que decir de nuevo que somos adoptados.

Otra de las actividades “divertidas”, es aquella en la que hay que llevar una foto de tu nacimiento o una ecografía; la ecografía casi ninguno la tenemos y la de nacimiento puede que sea con 3 días o incluso con algunos meses, pero justo la del momento de nacimiento no la tenemos. Esta actividad tiene fácil solución: pedir una foto de nuestro momento más feliz o una foto de nuestra familia.

Estas son las actividades que se suelen realizar en los primeros cursos de primaria.

Pero en secundaria también hay alguna de esas actividades, como por ejemplo en biología cuando se llega al tema de la genética, es muy común proponer en clase  que pensemos de qué color tienen nuestros padres los ojos, o cómo tienen el pelo, o el grupo de sangre; todo esto se hace para compararnos con nuestros rasgos físicos y estas preguntas,  justo en plena adolescencia pueden ser una bomba para nosotros, ya que es una etapa en la que quizás estemos buscando parecidos en nuestra familia y no los encontremos, en la que nos preguntamos de qué color es pelo de nuestra madre o padre biológico y tampoco lo sabremos, y estas dudas estarán independientemente de lo que se hable en clase. Considero que esas preguntas relacionadas con la genética se pueden hacer de forma general y no tienen porqué estar relacionadas con los padres.

Estas son algunas de las actividades con las que nos encontramos durante nuestra etapa escolar, actividades que cambiando su nombre o su forma de realizarla nos podrían facilitar nuestra estancia en la escuela. Y para cambiar esto, no se empieza en primaria llamando al árbol genealógico árbol familiar, se empieza  por eliminar el mal denominado “color carne”, ese color rosa porque ¿quién tiene exactamente el color de la piel del “color carne” de las pinturas de plastidecor? si nos miramos atentamente, cada persona tiene un color y tonalidad diferente de piel.

También se cambia realizando actividades en las que cada niño pueda dar a conocer a su familia porque cada vez hay más tipos de familias y todas tienen cabida en la escuela.

Sabemos que la individualización del niñ@ en aulas de 25 alumnos o más  es muy difícil por eso en estos casos os pedimos que se generalice en vez de que se individualice.

Vandita García Garrido