Las etiquetas no siempre ayudan

Las etiquetas no siempre ayudan

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Desde hace un tiempo me estoy dando cuenta de todas las etiquetas que se nos ponen a las personas adoptadas. Sé que siempre se ponen por una  buena causa como es conseguir que tanto administraciones, como profesionales y familias etc. Sean cada vez más conscientes de nuestra realidad y por tanto se involucren más en todos los ámbitos que conlleva la adopción. Algunas de estas etiquetas son: TDAH, trastornos del aprendizaje, niñ@s problemáticos, trastornos de conducta, traumas, etc.

Cuando busco en internet artículos sobre adopción lo primero que aparece es todo aquello relacionado con los problemas que podemos tener en la escuela, los problemas que podemos crear en nuestras familias, los problemas que tenemos por el mero hecho de ser adoptad@s etc, todos ellos vienen acompañados con sus respectivas etiquetas. Las cuales ayudan a entender y comprender ciertas actitudes que podemos tener,  por supuesto que debemos dar a conocer las posibles dificultades con las que nos encontramos  para que así se pueda  facilitar nuestra integración en la vida cotidiana.

Pero… ¿realmente estas etiquetas siempre nos ayudan? Yo lo dudo, me planteo diferentes situaciones en las que estas etiquetas me pueden perjudicar. Por ejemplo  cuando una persona me vaya a contratar  y asocie: “persona adoptada=problemática, TDAH, etc” o  a la hora de establecer nuevas amistades, o vínculos sociales en los que la gente pueda asociar la adopción a una personalidad inmadura.

Por estos motivos considero que hay que empezar a usar etiquetas como “resiliencia” “esfuerzo” “empatía”, ya que son otras de las cualidades que tenemos las personas adoptadas  y que nos pueden ayudar no solo a integrarnos sino también a valorarnos más a nosotros mismos.

                                                                                                              Vandita García Garrido

La incorporación al colegio del niño adoptado

La incorporación al colegio del niño adoptado

Tablero, Escuela, Regreso A La Escuela, Atrás

Nos encontramos a las puertas de un nuevo curso escolar. Para todos los niños, la vuelta a la escuela supone un gran choque tras una temporada relajada de horarios, de mayor descanso, juego, tiempo y disfrute en familia.

Si este choque es grande para el niño que retoma un nuevo curso escolar, ¿qué supone la incorporación a la escuela para el niño adoptado que accede por primera vez a nuestro sistema escolar? ¿debe ser su incorporación a la escuela igual que la de los otros niños? ¿cuándo debe hacerse?¿cómo debe hacerse? ¿qué debe saber el profesorado de esta situación diferente?

Antes de dar respuesta a estas preguntas, conviene saber que los primeros aprendizajes de nuestra vida los adquirimos a través de nuestros padres o cuidadores principales, a través de los cuales integramos en nuestro cerebro desde los estímulos más básicos hasta los aprendizajes más complejos. Los padres estimulan a través de la palabra y el afecto, enseñan a jugar, a dialogar, a entender bromas, juegos de palabras, ironías, etc. Todos estos aprendizajes informales asientan las bases para que el niño pueda adquirir posteriormente y de forma progresiva otros aprendizajes más formales y complejos, como los que aprenderán en la escuela.

Cuando el niño ha carecido de esta atención a causa del abandono, negligencia, institucionalización, etc, le queda una “huella” que incide directamente, no sólo en el patrón de apego que adquiere, sino también en su forma de aprender.

El psicólogo B.Gindis se refirió a las dificultades cognitivas y de rendimiento escolar derivadas de las carencias vividas durante el período previo a la adopción con el nombre de déficit cognitivo acumulativo, que afecta al correcto desarrollo de las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, resolución de problemas, flexibilidad cognitiva, control inhibitorio y emocional) y juegan un importante papel en el aprendizaje y en la regulación de la conducta. Algunos estudios indican que el hecho de estar expuesto durante más tiempo a una situación de adversidad generan más déficit cognitivo.

En el entorno escolar, se traducen a menudo en alteraciones de la conducta, estado de ánimo y dificultades en la regulación emocional. Algunos autores como el catedrático J.Palacios indican que este tipo de problemas son más significativos en los niños adoptados que en los otros y señalan que estas dificultades para centrar la atención y controlar los impulsos afectan plenamente a los aprendizajes.

Es necesario reparar primero lo afectivo para que lo cognitivo pueda comenzar a funcionar adecuadamente ya que para que un niño pueda aprender necesita primero sentirse seguro.

Los padres adoptivos tienen que ser conocedores y conscientes de que sus hijos a menudo parten de una situación de desventaja con respecto a otros niños cuyo comienzo en la vida ha estado exento de estas carencias.

Por este motivo, las familias deben reflexionar sobre varios aspectos antes de la incorporación de su hijo al colegio, ya que esta reflexión les permitirá comprenderles y ajustar sus expectativas a su realidad y no a sus propios deseos personales. Asimismo les puede ayudar en la elección del colegio.

En concreto deben reflexionar sobre la situación individual de su hijo en los siguientes aspectos:

  • Cuál ha sido su historia de vida hasta llegar a nosotros y durante cuánto tiempo ha vivido en esa situación: si ha vivido con anterioridad en familia o por primera vez está aprendiendo lo que significa tener una familia; si ha estado institucionalizado; por cuántas figuras de referencia ha pasado a lo largo de estos años (¿familia biológica, institución, familia de acogida?) y cómo han sido estas figuras.
  • Con qué edad llega a su familia adoptiva o de acogida: si ha estado antes escolarizado o no y cómo ha sido esa escolarización; en el caso de que proceda de un país con un idioma diferente, en qué momento del aprendizaje de su idioma de origen se encuentra (si todavía no lo ha aprendido, si lo tiene consolidado, si se le ha interrumpido en mitad de su aprendizaje…).
  • Cuál es el estado de salud con el que llega: si tiene alguna enfermedad o dificultad física o psíquica, de qué tipo y cómo le puede afectar esto.

Es importante no precipitar su incorporación a la escuela. Lo primero que necesita el niño adoptado recién llegado es una familia disponible y atenta a sus necesidades, que le proporcione un ambiente seguro y que le ayude a minimizar el estrés que le puede provocar tener que asimilar tantos cambios al mismo tiempo.

Cuanto más se pueda afianzar ese vínculo antes de su llegada a la escuela, mejor será su adaptación y en mejores condiciones estará para poder aprender. En caso contrario, su incorporación a la escuela podrá ser una fuente añadida de estrés.

Con frecuencia, los padres adoptivos piensan que su hijo realmente lo que desea es estar con otros niños porque en el centro en que vivía estaba con muchos niños y en casa con ellos solos se aburre. Sin embargo, el niño que ha estado institucionalizado mucho tiempo precisamente de lo que ha carecido es de ser atendido con exclusividad, no ha recibido ese trato individualizado tan necesario por parte de sus figuras principales, no sabe lo que significa compartir porque nunca antes ha tenido nada propio, no ha tenido la oportunidad de aprender a jugar y relacionarse adecuadamente con los demás.

Aunque no hay una receta mágica sobre cuál es el momento idóneo para la incorporación a la guardería/escuela, se recomienda que al menos se cumpla el período de permiso de maternidad/paternidad, contemplando la posibilidad de alargar dicho período en caso de ser posible. Esto es importante con independencia de la edad del niño.

Una vez seleccionado el colegio, es muy positivo que la incorporación esté preparada con anterioridad en comunicación y participación directa con el colegio. Siempre habrá profesores y directores de colegio con mayores aptitudes y empatía que otros, pero es fundamental concienciar a la comunidad educativa de la respuesta que se debe prestar ante estas necesidades.

Sería conveniente solicitar una reunión individual con el jefe de estudios del curso de nuestro hijo, el que va a ser su profesor o profesores y el psicólogo del centro, para informarles de la situación y/o características de nuestro hijo, de cara a que puedan comprenderle y poder detectar posibles necesidades o dificultades.

Si la familia lo desea, un Servicio de Postadopción puede funcionar como puente de unión entre familia y escuela, que ayude en primer lugar al niño, pero también y consecuentemente al profesorado (facilitándoles pautas y recomendaciones beneficiosas para que el niño adquiera esta base segura en el aprendizaje y en su relación los compañeros) y a sus padres (adecuando sus expectativas escolares).

Además, es aconsejable que el niño haya podido visitar con anterioridad las instalaciones del colegio, la que va a ser su clase y que haya podido conocer al que va a ser su profesor o profesores, ya que esto le ayudará a sentirse seguro en un ambiente predecible.

Por último, sería bueno realizar una adaptación gradual y progresiva, para ayudar al niño a adquirir confianza en el nuevo entorno. Muy importante es evitar todas aquellas situaciones que le puedan hacer revivir el sentimiento de abandono, por lo que, entre otras cosas, los padres deben prestar especial atención a ser escrupulosamente puntuales al recogerles a la salida del colegio.

Cuidando estos detalles facilitamos la adaptación escolar de nuestro hijo.

¡Feliz vuelta al cole para todos!

Belén Ruiz de Miguel

Hay gente maravillosa

Hay gente maravillosa

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Hace poco coincidí con una niña y su madre en una tienda de regalos, decoración, complementos y artículos variados de lo más original, protagonizando ambas una escena que me pareció entrañable y sobre todo admirable. La niña, posiblemente no tan niña, jugaba sorprendida con cada uno de los artículos que le llamaban la atención, sentándose en el suelo y jugando como probablemente lo haría una niña de menor edad que ella. De repente se levantaba dirigiéndose a otra estantería buscando otro objeto con el que jugar y volvía a sentarse con entusiasmo. Era como si fuera la primera vez que entraba en un establecimiento así, no escondiendo la  sorpresa y entusiasmo que despertaban en ella cualquier artículo que allí hubiera, fuera original o no. Y tal vez era la primera vez. Sus rasgos eran asiáticos, y los de la persona que le acompañaba eran rasgos occidentales. Posiblemente no había ningún vínculo biológico. Y fue esa persona que le acompañaba y que probablemente fuera su madre, tal vez adoptiva, quien despertó del todo mi admiración. Su manera de acompañar ese momento y a esa niña, su expresión tranquila y sonriente, su distancia física suficiente para no invadir el espacio de la niña pero suficiente a la vez para que aquella niña se sintiera acompañada y segura, y en definitiva su manera de respetar lo que esa niña necesitaba, me llevó a concluir que esa madre había entendido muy bien que probablemente su hija necesitaba experimentar aquello que aunque tan infantil y regresivo resultara, tan reparador era. Precisamente porque con probabilidad en su lugar de origen no tuvo la oportunidad de hacerlo en su momento, al menos de una manera segura.  Cuando la madre consideró que debían marcharse, solo tuvo que pedírselo amablemente y sin rechistar la chica se levantó y caminó hacia ella, saliendo juntas de aquella tienda. Pienso que mucha gente en el lugar de esta madre hubiese intentado corregir, regañar, censurar, invadir, hasta levantar la voz. Tal vez movilizados por la vergüenza, o la culpa, tal vez por la angustia, o por la ansiedad y la urgencia por rectificar, reeducar y corregir, o tal vez por todo ello junto.

Quizá no sea tan extraño que ocurriera algo así y lo extraño es que nos paremos a reconocer y reforzar cuando un padre o una madre lo hacen bien. Estamos más acostumbrados a la crítica negativa, focalizando en aquello que consideramos “hace mal” y corrigiendo conductas y actitudes continuamente. Yo aquél día aprendí mucho, de la niña y de la madre. Para mi fueron las heroínas aquel día.

César Sánchez Prieto