COVID-19: ¿Y mi familia biológica?

COVID-19: ¿Y mi familia biológica?

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Durante estos días con tanto hablar del COVID-19, muchos estamos preocupados por nuestros familiares, amigos, seres queridos, conocidos etc. Teniendo la suerte de que podemos llamar, hablar por las redes sociales, saber de los otros, darnos ánimos. Pero las personas adoptadas tenemos otra familia, la familia biológica a la que muchos no podemos contactar, porque no sabemos nada de ella o porque sabemos que no nos vendrá bien contactar con ella aunque sea en estas circunstancias…

Y entre tanto pensar y preguntar por whatsapp a mis amigos y familiares, yo de repente me encontré  pensando en esa otra familia, mi  familia biológica, (soy adoptada de Bombay, India) y digo me encontré porque fue como ese momento en el que te acuerdas de una canción que hacía mucha que no escuchabas, y la escuchas y luego no paras de escucharla, pues eso me pasó a mí y esto seguramente les está pasando a muchas personas adoptadas.

Me empecé a plantear muchas preguntas, a sentir incertidumbre, a querer saber y a la vez a no querer acercarme más de la cuenta. Las dudas que me planteaba eran:  si no se ha muerto ya por otros motivos ¿se habrá muerto? ¿Estará pasando por esto?, ¿Ella pensará en mí cómo yo pienso en ella? ¿podrá acceder a un médico si lo necesita?, ¿su familia estará bien?, ¿tendrá miedo?, ¿estará acompañada o vivirá sola?.

Mientras me planteaba todas esas preguntas también iba siendo consciente de la realidad de la India y entonces me planteaba otra, si en España tenemos la situación que tenemos siendo un país del “primer mundo”, ¿Cómo estarán allí? Y decidí buscar datos (otras de las ventajas de las nuevas comunicaciones, la información instantánea) Los datos actuales del COVID-19 en India son 315 infectados y 44 muertos, en ese momento pensé ¡ah! Pues ni tan mal, aunque al rato volví a ser consciente de la realidad de la India, del sistema de castas, de las miles de personas que mueren diariamente sin conocer las causas y sin que les importe a nadie, entonces pensé de esos datos, que son personas (que no se nos olvide), serán los que han podido acceder a la sanidad del país, los que además hayan podido hacerse la prueba, pero ¿cuántas personas han muerto o están infectadas del COVID-19 y no se sabe ni lo saben?.

Esto me llevó a pensar a qué seguramente mi madre biológica sea una de esas que no tienen acceso a la sanidad, que si esto le toca puede morirse o no, y si no le toca se podra morir en este tiempo por otra cosa, por tanto al final pensar en mi madre biológica, siempre genera dudas, y a veces esas dudas también calman la incertidumbre, porque en cierto modo son las mismas dudas que tienes siempre porque conoces la realidad de la India y por tanto seguramente o a lo mejor no, será de esas personas invisibles para la India, pero para mí no lo es, y por eso seguiré pensando ¿Y mi familia bilógica?

Vandita García Garrido

Estado de alerta sanitaria y adversidad temprana: cuando la alerta también está en casa.

Estado de alerta sanitaria y adversidad temprana: cuando la alerta también está en casa.

 

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Estos días de obligado aislamiento social debido a la pandemia del COVID-19 son días difíciles para todos. Es una situación nueva y desconocida, que antes no habíamos vivido y la  incertidumbre crea desasosiego, preocupación e incluso ansiedad. Esta situación de incertidumbre es vivida con especial intensidad por los niños y jóvenes que han sufrido adversidad temprana, ya que para ellos esta situación puede producirles además inseguridad y miedo.

Serán días en los que los más pequeños estén especialmente hiper demandantes y mimosos (necesitarán sentir especialmente el apego seguro de sus padres y poder confiar en que no van a desaparecer). Habrá momentos en los que se reactiven miedos que parecían superados, en los que la falta de actividad física al exterior les produzca mayor sobreactivación y alteración en el sueño e incluso en la alimentación. Serán días especialmente intensos y cansados para sus padres, que tendrán que exprimir al máximo todo su ingenio y creatividad. 

En estos días, además de la especial importancia que cobra mantener una rutina y hábitos saludables, es también importante planificar con ellos qué van a hacer a lo largo de esa jornada para que puedan recuperar un poco la seguridad de que hay algo predecible entre tanta incertidumbre. 

Por supuesto, también explicarles la situación de manera serena y calmada mediante nuestra propia regulación (que no evitación), adaptando el lenguaje a su comprensión, pero sin secretismos y respondiendo a todas las dudas que puedan plantear los hijos. Debido el exceso de información que estamos recibiendo en relación al coronavirus, recomendamos dosificar la comunicación en torno a ello para que no sea el único tema de conversación.

Pese a todos los inconvenientes e incomodidades, es un momento de oportunidad. Oportunidad para mirar a los ojos a nuestros hijos;  oportunidad de jugar, de mantener largas conversaciones, de ver películas juntos, de cantar y bailar con ellos, de escucharles, de inventar y aprender de sus invenciones. Es sobre todo Oportunidad de estar con ellos sin la prisa de mirar el reloj, sin pensar en todo lo que nos queda por hacer, porque ahora tenemos el tiempo que tantas veces reclamamos. Es también una oportunidad para pensar en maneras de cuidarnos a nosotros mismos permitiéndonos nuestros propios espacios de descanso, por ejemplo en los casos en los que haya dos padres, podéis hacer turnos con los hijos para no saturaros y poder tener pequeños espacios de autocuidado.También es momento de que los niños con diferentes dificultades de aprendizaje puedan reforzar conocimientos a través de tareas más lúdicas (por ejemplo, si a un niño le cuestan las matemáticas, sus padres podrán ponerle ejemplos con juegos, como ponerles objetos de la casa con los que visualmente entiendan mejor los conceptos abstractos).

Es cierto que hay y habrá momentos difíciles y duros en los que habrá que poner límites (por ejemplo para marcar los tiempos con los “dichosos” dispositivos electrónicos, en las peleas entre hermanos, en las tareas que les dan pereza) pero son momentos por los que hay que pasar y que los adultos debemos aceptar. 

Especialmente preocupados están los padres con hijos adolescentes y jóvenes en este momento. Nos escriben whatsapp preocupados porque no saben qué hacer con ellos, porque se encuentran en situaciones especialmente delicadas y complicadas: hijos con trastorno del apego, hijos con TEAF, hijos con trastornos mentales… Situaciones en las que este panorama se complica todavía más. 

No podemos darles recetas mágicas porque no existen. En estos casos la multitud de ideas que corren por las redes sobre lo que se puede hacer, muchas veces no sirven.  

En estas situaciones especialmente vulnerables, nuestros consejos a los padres serían:

Aceptar y tolerar lo que está pasando. Si esto nos altera a los adultos, a ellos todavía más, por eso primero somos nosotros los que debemos ver cómo estamos y cambiar nuestra actitud si estamos especialmente irritables.

Buscar espacios de autocuidado para poder sobrellevar de mejor manera esta situación de especial estrés. A mayor situación de desgaste, mayor tiempo de autocuidado hay que dedicar, para equilibrar la balanza. 

Si se está asistiendo a terapia, intentar mantener las sesiones, en la medida de lo posible, aunque en este momento tenga que ser online.

Intentar propiciar la comunicación con los hijos, aunque no sea siempre exitosa y evitando caer en ser excesivamente pesados. Propiciamos por ejemplo la comunicación cuando les decimos: “ Voy a ver tal película ¿te apetece verla conmigo?” En vez de “Vamos a ver esta película” y si el hijo accede, esa película puede ser la oportunidad para iniciar una conversación. Propiciamos la comunicación cuando les preguntamos a ellos su opinión, qué les apetece hacer, no cuando les imponemos continuamente lo que tienen que hacer. Cuando son los hijos los que inician la conversación, por ejemplo para decir: “Estoy harto de esta situación y quiero salir a la calle” validar estos sentimientos y continuar la conversación con ellos de manera calmada. Evitar contestaciones como reproches o comentarios del tipo: “Déjate de tonterías porque no se puede salir a la calle”.

Respetar los espacios de intimidad de los hijos y de los padres.

– Recordar que, aunque sean mayores en edad, su edad cronológica no siempre corresponde con su edad real y en estos momentos de especial dificultad, seguramente tengan un retroceso y puedan parecernos más infantiles. No hay que olvidar que son sus miedos los que les hacen comportarse así. Entender y permitir que expresen esas conductas más infantiles, siempre que no supongan un riesgo para ellos o para los demás, en cuyo caso hay que ponerles límites.

– Cuando hay situaciones en las que los chicos se escapan de casa incumpliendo las recomendaciones sanitarias y las normas y límites de los padres, aceptar que entonces será la policía la que les tenga que poner esos límites y ellos tendrán que asumir las consecuencias. Aceptar que hay veces que no se puede hacer otra cosa, por mucho que cueste y duela.

Favorecer que la convivencia sea lo mejor posible haciendo que las normas de convivencia sean pocas y claras ( si hay un exceso de normas, al final no cumplen ninguna).

Ser más flexibles estos días en determinados aspectos. Aunque no nos guste, entender que estos días utilizarán más los móviles, ya que es su manera de comunicarse y sentirse unidos a sus amigos y saber que están ahí y no los han perdido. 

– Dado que muchos de estos chicos tienen especiales dificultades a la hora de tener iniciativa, tomar la iniciativa los padres para proponerles algún tipo de actividad para que no se pasen al extremo de estar todo el día “tirados en el sofá”. 

Utilizar el sentido del humor todo lo que podamos, ya que el humor y la risa rebajan los niveles de estrés. Estos días todos estamos recibiendo mucho humor a través de las redes; aprovechemos a disfrutar del ingenio que hay en ellos.

-Puede ser un momento en el que est@s chic@s se pregunten qué estará pasando en los países de origen de sus familias biológicas y qué pasará con ellos. Os recomendamos acompañarles y apoyarles en estos miedos.

Mucho ánimo para tod@s y recordad: “Todo va a ir bien”.

Belén Ruiz de Miguel

Adopción e identidad, en primera persona

Adopción e identidad, en primera persona

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, gafas de sol y primer plano

 

Esta soy yo, con unos maravillosos rizos que a mucha gente le encantan y que a mí ahora mismo me fascinan, pero esto no siempre ha sido así.

Seguramente habréis escuchado muchas veces eso de “la que tiene el pelo rizado lo quiere liso, y la que lo tiene liso lo quiere rizado” yo también he sido de esas, en mi caso no era por estética esto iba más allá…

De los 14-19 años odié mi pelo por ser rizado porque no se parecía al pelo de las chicas Indias, que lo tienen ondulado o liso, tampoco se parecía al de mi familia o mis amigas, entonces era como que yo no me parecía a nadie, no pertenecía a ningún sito. Me costaba mucho llevar el pelo suelto, mejor una coleta o una trenza (peinado recogido por excelencia en las mujeres indias), por mí me lo hubiese alisado, para ser como el resto. Cuando alguna vez lo expresaba se me recriminaba que no me gustará porque “con lo maravillosos que son”, entiendo que siempre era con buena intención, pero eso me hacía sentir peor, cuando empecé a decir que no me gustaba porque en la India casi todas las chicas tienen el pelo ondulado, la respuesta era la India es muy grande a saber qué mezcla tienes. Y esa frase tan inocente y tan sencilla no os imagináis el dolor que nos produce a algunas personas adoptadas, efectivamente “ a saber”, y ahí comienzan las dudas, miedos, incertidumbre, no saber quién eres…


Cuando hablamos de la identidad en personas adoptadas muchas veces pensamos que lo que le hace cuestionarse su identidad son solo momentos claves y profundos, pero a veces son cosas tan sencillas las que tambalean toda nuestra identidad como por ejemplo, el pelo o el color de la piel.
En nuestra vida necesitamos tener la seguridad de pertenecer a algo ya sea familia, amigos, identificarnos con algo, y esto a nosotros nos cuesta mucho sobre todo en la adolescencia, cuando tu cuerpo cambia, tú evolucionas y te comparas y te comparan, cuando ves que no te pareces a nadie,te sientes perdido porque necesitas algo visible que te diga “eh, este es tu lugar” y en mi caso por mucho que buscaba no lo encontraba ni en mi familia ni en la gente de mí país de origen, la India. No pertenecía a ningún lugar y si no pertenecía a ningún lugar todo podía desaparecer, porque no hay donde aferrarse.

Ahora adoro mis rizos, y me enfado cuando en la peluquería me lo quieren alisar, son complejos y con mucha vida, se enredan ellos solos, son como yo, me definen con esa vitalidad. Es cierto que no parezco una chica india ni española físicamente, pero sé que en mi personalidad están reflejadas ambos países. ¡Me sigue removiendo que me digan “ah! Pues no pareces India”, pero ahora mi respuesta es “ya, es que en la India SOMOS muy diversos” Y seguramente volveré a cuestionarme mi identidad en un futuro, porque muchas personas adoptadas lo haremos durante toda nuestra vida, por distintos motivos y en diferentes momentos, pero qué necesarias son esas preguntas para conocernos un poquito mejor y aceptarnos un poquito más.

 

Vandita García Garrido

Maltrato institucional

Maltrato institucional

 

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Hace unas semanas acompañé a un chico que atendemos en Apananá al Centro de Salud Mental, donde tenía cita con un psiquiatra que le atendía por primera vez.

 La razón por la que yo le acompañaba es porque, entre otras cosas, le estoy apoyando en la tramitación de solicitud de discapacidad. 

Cabe mencionar que mientras esperábamos en la sala de espera nos entregaron un formulario de 5 páginas que X debía cumplimentar ya que, según nos comentaron, era el protocolo establecido. A lo largo de esas 5 páginas figuraba un completo repertorio de preguntas muy personales e íntimas. X, que había acudido tranquilo a la consulta, se fue calentando con el extenso cuestionario y, a mi forma de entender, con toda la razón, me comentó que esas preguntas se las debía hacer el profesional directamente en la consulta y no por escrito (también hay que tener en cuenta que parte de su psicopatología le produce una especial desconfianza hacia los demás, por lo que no me parece un protocolo muy acertado para un paciente con una enfermedad mental…no pude evitar pensar que si hubiese asistido él solo a la consulta, ese habría sido motivo suficiente para que no entrase en la consulta). 

Una vez entregado el formulario, nos recibió un psicólogo muy amable que nos acompañó al despacho del psiquiatra. Supongo que éste estaría de prácticas porque se limitó a observar y a anotar.  

El objetivo de mi asistencia era acompañar a X para asegurarme de que acudiese a la cita pero también para explicar al médico que para la solicitud de discapacidad necesitábamos un informe actualizado de su estado de salud mental y que además X necesitaba seguimiento de Salud Mental que no estaba recibiendo así como la supervisión de su medicación para poder llevar una calidad de vida mínimamente digna. Primer aspecto que detecté que no le sentaba bien al médico (ese rechazo que tienen muchos de ellos a redactar informes).

Sin embargo, el médico accedió a que yo estuviese presente en la consulta tras pedirle permiso y que X corroborara su deseo de que yo estuviese.

Desde el principìo el comportamiento del Dr. me chirrió por cómo estaba dirigiendo la entrevista. Pero nunca habría imaginado en lo que desencadenó.

X, debido a su estado de salud mental y a sus experiencias previas, se mostró crítico con el colectivo de psiquiatras y ante una pregunta del Dr. (en mi opinión, nada acertada), X le contestó que él era el profesional y como tal debería saber la respuesta. A pesar de ser una respuesta socialmente inadecuada, cabe destacar que X presenta una psicopatología y que en ningún momento se mostró agresivo ni física ni verbalmente más allá de esa contestación (es decir, ni alzó el volumen de voz, ni emitió insulto alguno ni mucho menos realizó comportamiento alguno que pudiese vislumbrar avecinarse cualquier tipo de agresión física). 

De repente, y ante mi total asombro, el que entró en cólera fue el propio Dr. quien, ni corto ni perezoso me inquirió con una cara totalmente enojada: “ ¿Es siempre tan desafiante”?  Y sin esperar mi respuesta (que en ese estado tampoco se la iba a dar) se dirigió a continuación a X, totalmente enfurecido y alzando la voz muy considerablemente: “ ¡¡¡No tolero que un chico de veintitantos años y sin estudios me diga cómo tengo que hacer mi trabajo. Esto no lo consiento. Aquí ha terminado la consulta, fuera del despacho!!!! Gritó. Pude ver que hasta le temblaban las manos de lo enfurecido que se había puesto.

Yo me quedé petrificada. ¿Cómo reaccionar adecuadamente ante una falta de autocontrol tan grande por parte del que se supone un profesional que debería estar sobradamente preparado y conocer las características y dificultades de la población a la que atiende? ¿cuánto más un profesional cuyas canas y arrugas deberían ser signo de una gran experiencia? Nada más lejos de la realidad…

Mi reacción, equivocada o acertada, fue salir del despacho junto a X sin entrar en la discusión, pues dentro de mi paralización,  intenté evitar un conflicto mayor (tampoco tenía sentido intentar defender a X ante alguien fuera de sí). 

X y yo nos dirigimos al mostrador de entrada a poner una reclamación. En un momento determinado que salí a atender una llamada, salió el Dr. y al ver allí a X le dijo que si no se iba inmediatamente llamaba a la policía. 

Por si no hubiera actuado ya antes desastrosamente, terminó de rematarlo. 

El resto de la mañana la pasamos poniendo reclamaciones; solicitando nuevamente un cambio de psiquiatra; intentando conseguir que nos diesen una nueva cita e intentando calmar a X. 

Vamos, que toda la movilización que nos había supuesto lograr que X acudiese a la cita (que os puedo decir que se trata de un proceso de mucho tiempo de continuos recordatorios y llamadas) se había ido al garete por una falta de autorregulación del psiquiatra.

Esa mañana la reclamación había sido escrita y presentada por X y yo no dejaba de pensar si debía presentar otra como profesional que asiste a tal maltrato institucional, pensando que no se podía permitir tal desprotección de los pacientes (más si cabe cuando X proviene de una situación de desprotección, maltrato y vulnerabilidad en sus primeros años de vida).

Después de comentar todo lo sucedido con mi compañero César, no me quedó ni la más mínima duda de que debíamos proteger a X y para ello efectivamente debía presentar mi propia reclamación como profesional que presenció una inadecuada praxis médica. 

El mismo día que presentaba mi reclamación, pero unas horas más tarde, me llamaba la madre de X para decirme que había llegado una carta en contestación a la reclamación de X, que decía que lamentaban mucho lo ocurrido pero no se podía permitir más de un cambio de médico al año. ¿Cómo puede tener la Administración un procedimiento tan cuadriculado? Si el propio médico había echado de la consulta a su paciente…

A día de hoy todavía estoy a la espera de contestación a mi reclamación, que dado este resultado tan decepcionante no sé si cambiará en algo la respuesta, cosa que me extraña.

Todo esto me hace pensar que quien debería ser más protegido lo que se encuentra es justo lo contrario: profesionales que carecen de profesionalidad y que han perdido su vocación si es que algún día la tuvieron; Administración que no atiende a situaciones particulares y protege al mal profesional en lugar de al ciudadano maltratado; consecuencias irracionales… ¿qué tipo de atención médica puede recibir ahora X de ese Dr. que explotó con toda su ira y le echó de la consulta? ¿qué más se puede hacer? ¿qué más se puede esperar?

¡Desde luego que este maltrato institucional en ningún caso se debería permitir! Desde aquí lo poquito que queda es mi denuncia.

Belén Ruiz de Miguel

 

 

Campamentos y miedos

Campamentos y miedos

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Con la llegada del verano, llega también el momento de irse de campamento. A algunos  niños adoptados y acogidos les pueden surgir miedos e inquietudes y, por eso, es importante hablar con ellos y darles la seguridad que necesitan. Aquí os vamos a dejar una serie de recomendaciones.

El miedo al abandono se puede incrementar; esto lo pueden exteriorizar preguntando varias veces si los vais a recoger a la vuelta, si os podrán llamar, si los vais a llevar… Por ello es importante recalcar la permanencia, repetirles las veces que sea necesario que vais a estar esperándoles cuando vuelvan del campamento, que os podrán llamar.  Es útil enseñarles en un calendario los días que se irán de campamento y marcarlos, también podéis ver fotos del lugar dónde se va a realizar el campamento.

A estos niños la incertidumbre les puede generar angustia, el no saber qué se va a hacer, qué va a pasar…Una forma de calmar esa incertidumbre podría ser ver juntos las actividades que se van a realizar. Podéis pedir al campamento que os envié el horario base que llevarán a cabo y así se lo podéis enseñar a vuestro hij@.

Otro miedo que puede surgir es el miedo a dormir fuera de casa. Una solución es que  lleven algún peluche u objeto que les haga sentir seguros. Además podéis enseñarles técnicas de relajación como contar de 100 a 0 con los ojos cerrados, o pensar en las actividades divertidas del día.

También puede que tengan miedo a perderse en las excursiones que se hagan en el campamento; para ello podéis hacerles una pulsera con vuestros números de teléfono por si se pierden que sepan a quién llamar y eso les de tranquilidad.

Otro de los miedos que suelen aparecer es el miedo a no hacer amigos o no saber relacionarse. Una forma de ayudarles en este aspecto es decirles que se unan a grupos pequeños de niños o algún juego y  hacer juntos una lista de juegos que puedan proponer ellos.

A la hora de hacer la maleta podéis hacerla con ellos, viendo qué cosas llevan, explicándoles cuando se tienen que cambiar de ropa (parece muy obvio pero a algunos niños les puede costar) dejándoles elegir,en la medida de lo posible, la ropa que quieren llevar, y si quieren llevar algún libro o peluche.

También es importante que sepan reconocer a los monitores como figuras de seguridad, diciéndoles que están ahí para lo que necesiten y que siempre podrán acudir a ellos, pero que también son figuras de autoridad a las que deberán hacer caso en todo momento.

Finalmente, os recomendamos que hagáis todo lo posible por hablar con el coordinador del campamento y explicarle las características de vuestro hij@, teniendo en cuenta que tendrá a cargo muchos niños más y cada uno con sus necesidades específicas.

Todos estos recursos los podéis resumir en un folio que vuestro hij@ se pueda llevar al campamento y leerlo cuando lo necesite.

 

Vandita García Garrido

Avances en genética y adopción

Avances en genética y adopción

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Con las nuevas tecnologías y nuevos avances en genética, cada vez se va descubriendo que la herencia genética tiene más carga de la que se pensaba. Ya no hablamos sólo de aspectos médicos o factores relacionados con la salud;   también pueden ser determinantes diversos aspectos de la personalidad y ciertos factores sociales.

Esto es un avance maravilloso, pero para algunas personas adoptadas puede añadir dudas,ya que en muchos casos no conocemos nuestra herencia genética y no tenemos con quién compararla.

Somos conscientes de que nuestra personalidad está determinada en gran parte por nuestras vivencias, pero para nosotros puede que ese 5% que depende de la genética sea muy importante, por el simple el hecho de venir de nuestra familia biológica y de nuestros orígenes, los cuales en muchos casos desconocemos.

Estas dudas nos pueden generar malestar, incertidumbre , miedos…

Puede que se cree un nuevo concepto de búsqueda de orígenes, la búsqueda genética. Dudo que esta búsqueda se resuelva con un test genético como nos dicen muchos; estas dudas quizá no se resuelvan nunca y tendremos que aprender a adaptarnos a estas novedades y aprender a diferenciar lo que realmente es genética y lo que ha sido y es determinado por nuestra propia historia de vida, seamos o no adoptados; tendremos incluso que valorar aquellos aspectos positivos que no sabemos de dónde nos vienen y que pueden estar relacionados  relacionados con nuestra herencia genética.

Vandita García Garrido

 

Inscripciones en charlas, jornadas, cursos sobre adopción: ¿y las personas adoptadas?

Inscripciones en charlas, jornadas, cursos sobre adopción: ¿y las personas adoptadas?

Captura de pantalla (75)Hace tiempo me quise apuntar a una charlas  sobre Búsqueda de orígenes, y a la hora de inscribirme la opciones que me daban eran: Profesional de la adopción y familia adoptiva. No había una opción que fuese: persona adoptada.

Decidí  inscribirme como profesional de la adopción , ya que soy trabajadora social y colaboro en varias asociaciones de adopción, pero me hubiera gustado haber puesto persona adoptada, porque en este caso es lo que me motivaba a asistir.

Quizá algunos os preguntéis por qué no me inscribí como familia adoptiva, el motivo es que cuando se habla de familia adoptiva se refieren a los padres y madres y no a los hijos e hijas, algo curioso porque los que damos la condición de adoptiva a la familia somos nosotros.

Esto me ha pasado varias veces, pero esta vez me llamó más la atención, ya que como he dicho antes era una charla sobre Búsqueda de orígenes, y algo que nos dicen continuamente es que esa búsqueda es un derecho nuestro, es algo en lo que nosotros decidimos, con o sin el apoyo de nuestros padres, pero es algo nuestro. Por eso me llamó la atención que justo los que estábamos “excluidos” éramos los propios adoptados.

A menudo escucho frases como: “Qué bueno sería que los jóvenes adoptados estuvieseis más involucrados”, “-No sabemos cómo involucrar a los jóvenes adoptados, no tienen motivación” “No les interesa esto”.

Sinceramente no tengo la solución a estos problemas pero sí os puedo sugerir algo:

Queridas asociaciones, gabinetes psicológicos, CC.AA y todos aquellos que organicéis charlas, cursos y jornadas sobre adopción:

En la ficha de inscripción dadnos la oportunidad de apuntarnos como personas adoptadas, en los carteles, en la publicidad del evento  poned que también están dirigidas a nosotros. No deis por hecho que no nos interesa, dejadnos demostrar que algunos según vamos creciendo  tenemos inquietudes, queremos aprender y asistir a estas charlas.

Dadnos al menos la oportunidad de hacerlo, esa oportunidad de la que tanto hablamos por que a veces es invisible, empecemos a crearla desde las propias asociaciones, instituciones, y profesionales involucrados en la adopción, y para ello no hace falta que asistan 5 personas adoptadas, solo hace falta incluirnos en las inscripciones y en la publicidad del evento.

Vandita García Garrido

Adolescentes y consumo de drogas y alcohol

Adolescentes y consumo de drogas y alcohol

 

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Que los adolescentes no estén motivados para dejar de consumir drogas, normalmente porros y alcohol, no significa que no estén motivados para cambiar algo en su vida. La mayoría de los adolescentes que llegan a consulta, lo hacen obligados y sin motivación alguna para iniciar un tratamiento orientado a la deshabituación de cualquier sustancia, pero pocos son los que no reconocen desde el primer momento un motivo por el que sí puedan necesitar ayuda. Suele ser su queja inicial y principal la relación que tienen con sus padres. ¡Esto ya es un motivo!. Más adelante y si hay  buena adherencia y confianza, reconocen que se acaban “rayando” más de lo normal y que tal vez su manera de consumir tal vez no sea la más sana. En cualquier caso todo lo que se consiga forma parte de un proceso que nada tiene que ver con señalar al joven directamente como problema y menos aún como “drogadicto”. No demos por hecho que para recibir ayuda ha de estar motivado y ha de ser él o ella quien quiera cambiar y en su caso querer dejar de consumir una droga. Ésta es una ilusión que en el caso de los adolescentes supone un porcentaje bajísimo. En el peor de los casos siempre se puede iniciar una intervención con la familia y así evaluar, y tal vez comenzar a actuar de una manera más funcional a pesar de no intervenir directamente con su hijo/hija. De hecho, en algunas ocasiones y en casos más leves ni siquiera es necesaria esa intervención directa con el joven.

Cuando abordamos terapéuticamente el consumo de drogas por parte de un adolescente, si no incluimos a la familia, normalmente padre y madre o el sistema encargado de su protección, será muy complicado que este proceso de toma de conciencia y cambio se ponga en marcha. El consumo continuado de una sustancia es por lo general síntoma de algo más, y normalmente anterior al inicio de ese consumo. Suele suponer ese consumo la voz de alarma de algo que muy probablemente transcienda al joven consumidor e implica otros sistemas como el familiar principalmente, pero también el escolar y/o social. No se trata de culpabilizar a nadie sino de tener en cuenta todas las piezas del puzzle posibles y responsabilizar a cada miembro del sistema de su parte correspondiente en la solución al problema.

Lo que nos ha llamado a menudo la atención a los profesionales que trabajamos atendiendo estos casos, es que no se haya considerado la opción de buscar ayuda profesional antes de que apareciera el consumo. Ésto es especialmente importante en el caso de adolescentes adoptados que son traídos a consulta por sus padres y madres para recibir atención. “La adopción nunca ha sido un problema y eso lo tiene superado”, refieren algunos padres y madres, dando por hecho que el problema aparece cuando se ha juntado con tal amigo y ha comenzado a consumir. Reflexionemos sobre ello.

César sánchez Prieto

Reivindicando el valor del vínculo. Una reflexión tras la reciente jornada organizada por Psicoveritas sobre Psicología y Adopción.

Reivindicando el valor del vínculo. Una reflexión tras la reciente jornada organizada por Psicoveritas sobre Psicología y Adopción.

 

 

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A menudo surge la duda, y así ocurrió durante la jornada del sábado, acerca de la efectividad de las distintas terapias y herramientas. Si unas son más eficaces que otras, si ésta me ayudó a mi pero esta otra no, si ójala hubiese conocido aquella antes. Pudimos ver incluso alguna comparativa entre ellas a raíz de una encuesta promovida por Petales y explicada en las jornadas por parte de Javier Herrera, abogado y presidente de PETALES. Si hablamos solamente de técnicas, unas ya han sido contrastadas empíricamente y suficientemente validadas y otras no lo están aún pero es cuestión de tiempo que acabarán siendo validadas y reconocidas por las autoridades científicas dado que apuntan de momento buenos y esperanzadores resultados. Pero hablar solamente de técnicas es olvidar algo fundamental, y en particular cuando nos dirigimos a población adoptada y familias adoptivas. En este caso me refiero a no olvidar la transcendencia de la alianza terapéutica, elemento esencial en toda psicoterapia.  Éste concepto, acuñado por Bordin en 1979, sostiene que una adecuada alianza terapéutica es un factor de cambio esencial en toda forma de psicoterapia, aunque la naturaleza del cambio varíe en función de la modalidad psicoterapéutica. La idea de la alianza terapéutica tiene su origen en el modelo psicoanalítico, pero se ha generalizado al resto de modelos. Y un componente de la alianza terapéutica es el vínculo terapéutico que se establece entre el paciente y el terapeuta, favorecido por factores como la calidez, aceptación positiva incondicional, autenticidad y empatía del terapeuta con su paciente. Esto último no va a depender de la técnica y sí de la persona que ejerce la profesión. Durante mis 17 años de experiencia ininterrumpida como psicólogo atendiendo personas, junto a la de tantos colegas de profesión de un amplio espectro de técnicas y orientaciónes psicoterapéuticas, he podido comprobar cómo esto es así día tras día. Una buena técnica resulta fallida si el vínculo creado no ha sido satisfactorio, y por otro lado si una técnica no resulta del todo eficaz pero sí se ha construído un vínculo reparador, la experiencia terapéutica dará frutos en alguna dirección. Como he escuchado a algún colega, “las terapias funcionan a pesar de las técnicas y de los psicólogos”. Y esto es así porque el vinculo en si mismo ya repara, y no se nos debe olvidar. El niño, joven o adulto que fue adoptado, anteriormente fue abandonado. Y tal como señaló durante las jornadas Javier Álvarez Osorio, presidente de ARFACYL, “el abandono en si mismo es un maltrato”. Por ello excluir el vínculo terapéutico como variable determinante en los procesos terapéuticos es no haber entendido nada acerca de la adopción. Y no solo el vínculo con el joven adoptado, también con la familia que desde mucho tiempo antes de adoptar ha recorrido un auténtico carrera de fondo y obstáculos, llena de frustraciones e incertidumbre, hasta llegar ese momento. Cuidemos por favor ese vínculo todos los protagonistas implicados en la atención a la persona adoptada y persona adoptante, desde psicólogos, maestros, profesionales de la administración, trabajadores sociales, educadores,  hasta un largo espectro de profesionales.

Familias y jóvenes adoptados recorrerán desde el principio y se expondrán a distintas orientaciones psicoterapéuticas y técnicas. Toda intervención sumará siempre que se haga con honestidad,  honradez y profesionalidad entre otras virtudes, y cuidemos la relación terapéutica a través del vínculo. En numerosas ocasiones ocurre que el resultado de una intervención no es el esperado y merecido por la persona atendida. No olvidemos que cada momento e intervención, forman parte de un largo proceso en el que si se ha cuidado lo suficientemente bien y siempre desde el BUEN trato a esa persona, en si mismo ese trato será reparador. Nuestro trabajo es un continuo reparar, que nunca llegará a compensar el daño recibido, pero si ayudará a crecer, madurar y en el mejor de los casos favorecerá aquello que llamamos resiliencia.

César Sánchez Prieto

 

¿Y si hablamos de adopción y oportunidad?

¿Y si hablamos de adopción y oportunidad?

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Hace poco me preguntaron qué significaba para mí ser adoptada y dije: “oportunidad”.

Y no nos confundamos, no me refiero a oportunidad por el hecho de que mis padres me hayan adoptado… No, eso del agradecimiento por ser adoptada no lo comparto.

Hablo de la oportunidad que he tenido y que tengo a la hora de ser como soy. Es cierto que no todo lo que soy es por ser adoptada, pero sí creo que gran parte tiene que ver con eso.

Las oportunidades que me ha dado ser adoptada han sido, por ejemplo, la elección de mi profesión, Trabajadora social; mi vocación y mi sensibilidad por los menores y las familias, especialmente familias adoptivas y de acogida, estoy segura que es por el hecho de ser adoptada. Al igual que la sensibilidad que he ido desarrollando, pero que  desde pequeña he tenido hacia el prójimo y las injusticias sociales.

Otra de esas oportunidades es el hecho de ser una persona sensible y una persona que le gusta conocerse a sí misma. Además, creo que he adquirido la capacidad de continuar adelante a pesar de que las cosas no salgan bien y esto también es una oportunidad porque puedo transmitírselo a otros para que puedan hacer lo mismo. Y es que, ser adoptada no conlleva siempre ser “normal” sino ser diferente, pero lo diferente no es malo, es simplemente diferente.

Sin embargo, estas oportunidades hay que saberlas aprovechar, hay que saber mirarlas,apreciarlas y desarrollarlas para poder potenciarlas y, en mi caso, poder ponerlas al servicio de los demás.

La adopción no es todo corazones, pero tampoco es todo espinas; la adopción a veces es dolor y a veces oportunidad, pero siempre es aprendizaje.

Vandita García Garrido