¿Y si no queremos saber nada de nuestro país de origen y cultura de origen?

¿Y si no queremos saber nada de nuestro país de origen y cultura de origen?

Esta pregunta surge siempre que doy charlas “¿Qué hago si mi hijo/a no quiere ni hablar de su país de origen?”, y mi respuesta siempre es la misma “respetad los límites que os ponen, dad tiempos, no presionéis y seguid creando oportunidades de hablar del país pero sin ser pesados”

A veces escucho a padres y madres y me asusta la forma en que transmiten los orígenes, llegando a un punto en el que hacen sentir a sus hijxs que no se merecen sentirse de aquí porque no es su país de origen;  eso puede ser muy dañino porque al final nos desarrollamos y vivimos en España y creo que es bueno adaptarnos, con todas nuestras dudas sobre la identidad y con todo lo que ya sabemos que conlleva.

Otra frase que siempre me dicen los padres y madres es “continuamente le repito que su país es maravilloso y que le tiene que encantar y no lo debe rechazar ”, y mi respuesta siempre es la misma,quizás para nosotros hay momentos en los que  no es tan maravilloso”. Porque no se nos debe olvidar que en ese país en el que vosotr@s cumplisteis el sueño de ser familia a nosotr@s nos abandonaron, que en ese país podemos haber sufrido ciertas carencias o malostratos que han podido tener efectos en nuestras vidas, quizás no es nuestro momento y necesitamos descansar un poco de adopción, y de países, y de identidad, o quizás nos supone tanto dolor que no seamos capaces de enfrentarnos a esa parte de nuestra historia. A veces con ese mensaje sentimos que nos fuerza a apreciar y a valorar nuestro país de origen. 

A veces la cultura y realidad social de nuestro país de origen es muy dura, y esa faceta a algunas familias  les da miedo transmitirnosla, y al final la descubrimos ya sea por libros, documentales, películas o cualquier otro medio, y creo que descubrir esa parte menos idílica conlleva un duelo que se debe respetar, y que muchas veces lo vivimos en soledad por vergüenza y miedo. Conocer esa cultura en muchos casos, como el mío, conlleva ser consciente de una realidad social muy dura como es el maltrato y menosprecio a la mujer (sé que esto lo tenemos a la orden del día en España pero por desgracia en otros países el movimiento feminista aun no está tan empoderado como aquí, sabiendo lo poco valorado y en muchas ocasiones, menospreciado que sigue estando en España), conlleva conocer el maltrato infantil, la pobreza, los sistemas judiciales tan injustos, las condiciones en las que hemos podido ser abandonados y tratados. Y por supuesto el racismo que en muchos casos vivimos, nos puede llevar a rechazar a nuestro país de origen, y esto también hay que respetarlo y acompañar en ello.

 Por eso a veces esas frases de “cómo puedes rechazar tu país” pueden no permitirnos compartir ese duelo con la familia.

Esto no quiere decir que me parezca mal que se hable del país de origen o de la familia biológica, por supuesto que no, pero creo que hay formas indirectas de hacerlo respetando nuestro espacio. Por ejemplo, se puede mandar información interesante sobre el país de origen, se puede proponer ver pelis, se puede comentar alguna noticia, se puede y se debe hablar del racismo y de lo injusto que es que lo tengamos que vivir, pero si mostramos rechazo respetadlo y no presionéis. Una forma de mostrar ese aprecio por el país de origen puede ser cambiando la frase “tu país es maravilloso” por “para mí tu país de origen es maravilloso” De esta forma seguís manteniendo la puerta abierta para que podamos preguntar cuando queramos o necesitemos.

Os pongo un ejemplo de esto último contando mi caso personal: Siempre había estado orgullosa de la India, hasta que con 14 años me empecé a leer el libro “Sonrisas de Bombay” de Jaume Sanllorent. A los dos o tres capítulos les dije a mis padres que no lo quería seguir leyendo, porque estaba empezando a odiar la India. En este libro el autor narra cómo odió Bombay en un primer momento, narraba toda la pobreza, la realidad cultural y social, y yo que soy una persona que siempre he querido luchar por esas injusticias no podía aceptar pertenecer a un país en donde todo lo que siempre he rechazado y denunciado estuviese latente y fuese algo completamente normalizado. Lo importante fue la respuesta de mis padres, ellos me dijeron y me demostraron  que no había problema en que lo dejase de leer, que ese libro seguiría estando ahí si en algún momento yo quería retomarlo. Y así fue, 4 años después lo volví a empezar, lo terminé y hace un año me compré el segundo libro “Mujeres de Bombay”,  y como les he dicho a ellos, cuando viajemos a Bombay, si o si tendremos que conocer el proyecto sonrisas de Bombay.

Y ese proceso de reconciliación con mis orígenes, que a veces sigue ahí, en parte ha sido porque no se quitaron los libros, ni se dejó de comer comida India (en ocasiones puntuales), no se me dejó de proponer ver pelis indias, no se dejó de hablar de la India, pero sí se me permitió tener mi espacio, no se me obligó ni a leer cosas de la India, ni a ver esas pelis y mucho menos a hablar de la India, por lo que yo sabía que cuando quisiese, y así ha sido, podría volverles  a preguntar por la India y a hablar de la India con ellos.

Para ir terminando, quiero compartir con vosotr@s la frase que más odio que me digan: “qué bonita es la India, seguro que te va a encantar”, y permitidme esta expresión coloquial, a mí en esos momentos solo se me ocurre “mandar a la gente a pastar”. 

Creo que una de las personas (fuera de mi familia) qué mejor forma ha tenido de hablar de la India, ha sido mi terapeuta, hace un tiempo me dijo “cuando yo estuve en la India…” y ni hizo alusión a si yo quería ir, ni me dijo lo maravillosa que podría ser la India, simplemente esa frase, y eso a mí me ha hecho ilusión y me hace sentirme afortunada de tener un terapeuta que ha conocido mi país de origen, me ha dado más confianza, ahora sé que si en algún momento quiero, podré hablarlo con él  y que si no quiero hablarlo también estará bien.

Así que, repito, dad y respetad tiempos, no ensalcéis ni menosprecéis el país de origen de vuestr@s hij@s, permitid que lo hagan suyo, a su manera, a su ritmo, que puedan vivir ese duelo si es necesario y si es posible acompañadles en él, dejad que adoren a su país, que lo odien y lo ignoren, porque solo así lo harán un poco más suyo.

Termino con una pregunta que quizás hace reflexionar sobre lo difícil que es mostrar la cara menos afable del país de origen ¿Cuántos habéis buscado información sobre la situación en torno al COVID-19 en el país de origen de vuestr@s hij@s? Porque estoy casi segura que much@s de vuestr@s hij@s (preadolescentes, adolescentes, jóvenes y adultos) lo han buscado, aunque no lo hayan dicho.

Vandita García Garrido

Creando vínculos entre magdalenas y café

Creando vínculos entre magdalenas y café

Cuando conocí a Rubén (nombre ficticio) mis primeras “citas” con él consistieron simplemente en fomentar mi paciencia y resistencia ante sus plantones: unas veces importaba poco, porque me encontraba en el despacho y podía aprovechar ese tiempo para continuar trabajando, y otras veces, esos plantones eran más fastidiosos porque me suponían desplazarme y esperar plantada en la calle (con lo mal que yo llevo el frío).

 A veces, después de largas esperas, tenía que volver sin éxito, ya que Rubén no se presentaba y, otras veces, al menos conseguía que apareciese aunque fuese media hora o 1 hora más tarde. ¡Cuántas carreras nos hemos pegado juntos porque llegábamos tarde a sus citas médicas y cuántas otras he tenido que convencer a los médicos de que le atendiesen porque ya estaba llegando!

Hace poco y, después de casi 2 años junto a él, le comentaba que ahora entiendo que cuando nos conocimos me diese tantos plantones: no me conocía y no se fiaba de mí y además, había tenido una sucesión de desastrosas experiencias con otros profesionales y del único profesional en quien confiaba hasta el momento era de mi compañero César, pero yo era nueva en su vida. 

Todo esto hacía que Rubén no estuviese dentro de un circuito de protección social: no tenía siquiera el seguimiento de Salud Mental que precisaba, ni siquiera identificado un diagnóstico y mucho menos, un reconocimiento de su discapacidad que, en su caso, pudiese protegerle.

Tuve que ingeniar distintas estrategias para que pudiese ir encontrando cierto atractivo para venir a mis citas. Dentro de estos “atractivos” resultó que la comida ejerció un papel importante para él, empezando por cambiar el lugar y la hora de quedar: en vez de quedar en la salida del metro, comenzamos a quedar en la que llamábamos “nuestra cafetería” una hora antes de las citas. Allí le invitaba a un gran desayuno o merienda, que le ayudaban a relajarse antes de acudir a las numerosas citas médicas y además le ofrecían estructura, ya que muchas veces venía sin haber desayunado o comido porque se le había olvidado o porque no tenía interiorizado un orden en los hábitos básicos de su vida personal, entre ellos la alimentación. Recordemos que si no tenemos cubiertas las necesidades básicas, no tiene mucho sentido cubrir otras necesidades superiores porque faltan los cimientos de la casa, como nos enseña la pirámide de Maslow o la casita de Vanistendael.

Entre café y bollito nos echábamos unas risas y aprendí a escucharle atentamente y entender todo el trasfondo que había detrás de su discurso que, a simple vista, parecía incoherente, pero que escondía todo el dolor y el daño que Rubén había sufrido injustamente en los primeros años de su vida. Así fue como, poco a poco, el vínculo se fue estrechando entre ambos. 

Aprendí a entender sus sentimientos y la expresión de estos, de maneras muchas veces estrambóticas, pero que eran las que le habían ayudado a sobrevivir y sostenerse ante un mundo que para él había resultado hostil tan a menudo.

Este verano, por fin y tras mucho aplazarlo, vi por fin la película “The joker” con grandes expectativas, pero sin embargo y, a pesar de la magnífica interpretación del actor Joaquin Phoenix, me causó una gran tristeza, ya que aunque en varios aspectos veía reflejada la vida de Rubén, me decepcionó enormemente el estigma que todavía continúa sobre las personas con trastornos mentales, asociadas a que son agresivas y “hay que ir con cuidado con ellas porque se les puede cruzar el cable y de repente volverse violentas y agresivas” lo que fomenta muchísimas veces el miedo que produce tratar con una persona con un trastorno psicológico y el rechazo al que se enfrentan tantas y tantas veces. 

Sin entrar en más detalles en la película, y continuar centrándome en la intervención con Rubén, lo que entendí que él necesitaba era simple y llanamente que viese a la persona que es, sin importar su cobertura sino lo que realmente hay dentro de esa cobertura. Es como los bombones que le ofrezco últimamente cuando viene a verme semanalmente a Apananá. No es el envoltorio que hace ruido y puede rechinar, si no el bombón dulce que aparece dentro, cuando se deja ver sin capas. Es simplemente esa necesidad de volver a los cuidados básicos, a veces como una “ mami”, de ofrecerle mimos a través de las necesidades básicas (como ese café con magdalenas), de escucharle con oídos y ojos sin juicio, de prestar todos los sentidos a lo que hay detrás de sus palabras, muchas veces desordenadas; de lo que intenta transmitir en esas palabras, que a veces escribe y otras veces canta y plasma en los sonidos de su guitarra. Es su necesidad de sentirse la persona que es, valorada y querida, tal cual es. Es la necesidad de sentirse que “no todo está perdido con él” porque nada hay predestinado y nunca hay que dar nada por sentado ni desistir. A pesar de contar con un trastorno psicológico que no debería sufrir y que, en gran parte es fruto del cúmulo de situaciones adversas injustas  que nunca debería haber vivido, y de una sociedad que ha fallado en sus sistemas de protección, y le ha dejado desprotegido durante tanto tiempo agravando su situación.

Así es como, poco a poco, Rubén se ha convertido en una persona muy especial en mi vida. 

Belén Ruiz de Miguel

Trabajadora social especialista en adopción y acogimiento

Cita

Adopción e hilos: creando pulseras

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Nunca me ha gustado la leyenda del hilo rojo, y mucho menos aplicada en adopción, entiendo que haya personas que a las que sí les gusta y por supuesto que lo respeto.

Desentrañando un poco solo la palabra “rojo” un color que asimilamos a muchas cosas, entre ellas la sangre y el corazón. Esto me hace pensar que en adopción se ha utilizado por esa necesidad de nuestros padres adoptivos para sentirnos más suyos, eso mismo pasa con la expresión “hijos del corazón” disimuladamente se mete la biología, también me llama la atención que creo que no he escuchado a ningún padre o madre biológico hablar del hilo rojo en relación con sus hijos, ya sabemos “sangre de tu sangre” por lo que no se hace necesaria ninguna conexión más. (Sí lo he oído en relaciones de pareja, amistad etc)

Volviendo al hilo rojo (a partir de ahora lo llamaremos hilo inicial) y relacionándolo con el apego, me parece que es un concepto muy idílico, dónde se contempla exclusivamente el apego seguro. Por ejemplo, cuando yo conecto algo es para que funcione, si conecto mi móvil a la corriente para cargarlo y no carga deshecho ese cable y cojo otro. 

Como ya sabemos, muchas veces en adopción, por los estilos de apego que hemos adquirido, este hilo no conecta a la primera, ni a la segunda, o conecta con errores que hay que aprender a ajustar para que funcionen (anudar nuevos hilos a ese hilo inicial), o aceptar que esa conexión (vínculo) no funcionará, pero intentar añadir más hilos para fortalecerla, aunque sea sólo estéticamente para que al menos no se rompa con el mínimo cambio. Porque recordemos que no existen las personas sin apego sino personas que no pueden mostrar el vínculo que realmente sienten, pero como todo el mundo, tienen la necesidad de saber que los vínculos con sus figuras de apego se mantienen. Recordemos que apego no es solo cariño, también es seguridad, y eso es lo más importante

Entonces, ¿esta leyenda solo sirve para el momento en el que se adopta o para cuando somos pequeños, dónde todo parece maravilloso? ¿Qué pasa si no conecta o si se rompe…?

Quizás podríamos hablar de que en adopción hay muchos hilos, esa multitud de hilos podrían ser las diferentes los diferentes vínculos que establecemos con nuestras familias y entornos sociales en las diferentes etapas que vivimos. Cada hilo sería una oportunidad para generar conexiones, es decir coger un hilo de cualquier color, e intentar que no se rompa o si se rompe ser capaces de coger otro y anudarlo a ese hilo inicial que se ha roto, o si es necesario empezar de nuevo. 

Con todos esos hilos podríamos crear una pulsera, esta pulsera serían las múltiples conexiones, vínculos, que vamos realizando a lo largo de nuestra vida: hay pulseras trenzada (sencillas), pulseras cuadradas (complejas), pulsera de nudos (más complejas de lo que parecen) o pulseras circulares (muy complejas), incluso, podríamos tener una pulsera dónde todos estos tipos de pulseras que hemos nombrado, estén unidas, porque la forma en que nos vinculamos a nuestras familias y entornos sociales nunca van a ser iguales, aunque sigan un mismo patrón, porque puede que tengamos un vínculo más o menos seguro con nuestra pareja pero no con la familia. 

Pasaremos por etapas en las que conectemos mejor con nuestra familia adoptiva  y etapas en las que queramos romper para luego reconectar o no.

 Porque eso es la adopción, hilos que a veces se rompen, a veces se deshilachan o a veces se pierden, pero, lo bueno, como hemos visto es que hay multitud de hilos que podremos conectar, para lograr nuestra nueva pulsera, cada uno la suya, porque como pasa en la adopción y en casi todo, no hay ninguna pulsera idéntica, y lo importante es tener una da igual la forma o el color.

Vandita García Garrido

Os recordamos las siguientes actividades de nuestra asociación:

talleres verano 2020taller funciones ejecutivas web

Más allá de la visión de las personas adoptadas

Más allá de la visión de las personas adoptadas

toda escucha

A menudo nos dicen que nuestra opinión y visión, la de las personas adoptadas, es muy importante y por supuesto que lo es para concienciar, sensibilizar y sobre todo ayudar a familias adoptivas, personas adoptadas y profesionales.

Pero creo que para nosotras, las personas adoptadas, o al menos para mí, ha sido y es muy importante conocer la visión de las familias adoptivas, para entender sin culpabilizar y sin juzgar.

El conocer que las familias adoptivas  han pasado por sus duelos previos a la decisión de adoptar, incluso duelos durante el proceso de adopción, asignaciones fallidas, a veces rechazos por parte del entorno familiar por tomar la decisión de adoptar, preguntas incómodas…

No me gustan las palabras “embarazo de elefante”, ni “hijos del corazón”, ni “hilo rojo”, para referirnos a un proceso de adopción, porque hacen alusión a un camino de rosas que no es real, porque como ya sabemos, en los procesos de espera hay altibajos porque el tiempo se alarga, porque tienen que escuchar comentarios inoportunos, porque en muchas ocasiones se han sentido abandonados por las administraciones y las entidades encargadas de tramitar adopciones, etc.

También he comprobado cómo se critica a algunas familias adoptivas cuando creemos que no entienden o no ayudan a sus hijos, yo incluida (aunque creo que la crítica constructiva siempre es necesaria para poder mejorar), pero pienso que a veces nos falta mucha empatía y comprensión para poder ayudar sin juicios y sin culpabilizarles, lo cual muchas veces hacemos aunque sea sin querer. 

Más de una vez he oído que ellos asumen nuestras dificultades en el momento de adoptar y que luego no debieran quejarse, pero hay que tener presente que en el momento en que adoptan pueden tener una información incompleta, y a medida que la van actualizando posteriormente con los nuevos conocimientos sobre las posibles consecuencias del abandono, pueden tener la percepción de que se les ha engañado, por lo que creo que tienen todo el derecho a quejarse.

Las familias adoptivas, aun asumiendo lo que nos pasa, no son culpables de ello y muchas veces se las culpabiliza. Para mí la responsabilidad la tienen cuando no ponen medios para ayudarnos, y cuando se focaliza el problema solo es nosotros. Medios como la información e incluso la formación, asistiendo a charlas, intercambio de experiencias con otras familias adoptivas en las asociaciones, leer sobre adopción, acudir a profesionales especializados cuando sea necesario …

No podemos olvidar que también hay muchas familias que queriendo, poniendo todos los medios posibles no nos pueden ayudar, quizás por una falta de capacidades, o por una mala gestión de expectativas,o teniendo todas esas capacidades y esa gestión de expectativas bien hecha, puede que tengamos unas dificultades muy complejas (que en ningún momento son culpa nuestra sino de todas las experiencias que nos ha  tocado vivir), que a veces hay que asumir y simplemente acompañar para que nos desarrollemos lo mejor posible, porque eso es lo que necesitamos en ciertos momentos, sentirnos acompañados, y para eso creo que sólo se necesita comprensión y aceptación, aunque estoy segura que aceptar que “solo” puedes hacer eso, para una familia tiene que ser muy duro. A todo esto se le añade el tener que escuchar que no les tendrían que haber dado la idoneidad, (ojo, que estoy muy de acuerdo en que en algunos casos la idoneidad no se tendría que haber dado), que nos han malcriado, que no entienden de las consecuencias de la adopción, etc.

Escuchar testimonios de familias adoptivas, en grupos de padres, en charlas, asociaciones, intervenciones individuales, me ha ayudado a entender mejor ciertas actitudes, a ser más sensible, a no dar la verdad absoluta solo a una parte (la de las personas adoptadas), aprender a escuchar ambas versiones (la de la familia adoptiva y la de la persona adoptada) y a intervenir de una forma más humana y cercana con ambas partes, una intervención en la que se sientan acompañadas y no juzgadas y en dónde tengo la posibilidad como profesional (trabajadora social), de dar un toque de atención a la parte que más lo necesite ya sea la persona adoptada o la familia adoptiva, y de abrazar emocionalmente también a la parte que más lo necesite, que no siempre somos los adoptados.

Tenemos muy claro lo de la tríada de la adopción (aunque para mí es más bien un cuarteto porque al final, casi siempre, en algún momento entra a formar parte del trío algún profesional), pero no lo tenemos tan claro a la hora de entender, comprender y no juzgar a todas las partes, el siguiente paso que nos falta sería el no juzgar a las familias biológicas.

Vandita García Garrido

¿ Y si cambiamos el concepto de la “mochila del abandono” por  el “el calzado de la adopción”?

¿ Y si cambiamos el concepto de la “mochila del abandono” por  el “el calzado de la adopción”?

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Casi todos los que estamos  involucrado de una manera u otra en el mundo de la adopción, conocemos el termino  mochila del abandono o de la adopción, cuando hablamos de esto nos referimos a lo que puede implicar el hecho de haber sido abandonados, una característica que puede conllevar unas consecuencias más o  menos graves, más o menos perdurables, pero lo que sí que sentiremos en diferentes momentos de nuestro ciclo vital es el hecho de que fuimos abandonados, por los motivos que fuesen pero nos abandonaron.

Pero para mí hay algo que es muy importante, una mochila cuando llegas a casa, al colegio, al trabajo, a un bar etc, te la quitas y ya no te pesa porque ya no la llevas a cuestas, incluso la podemos perder, pero con el abandono y la adopción esto no pasa, porque siempre están presente. También este concepto da la sensación de algo estático y los sentimientos y posibles consecuencias del abandono van variando a lo largo de la vida.

Entonces ¿con qué podríamos compararlo? Para mí es parecido al calzado, el calzado de la adopción.  Casi siempre llevamos calzado seamos mayores o pequeños, en las primeras etapas puede que no llevemos y depende del suelo que pisemos se nos quedarán más o menos marcas. 

El calzado a veces roza, a veces nos queda grande, a veces pequeño y a veces ni lo notamos de lo cómodo que es. Y esto es lo que pasa con la adopción independientemente de la etapa vital, a veces nos es indiferente, pero sigue ahí, aunque no nos demos cuenta, también hay veces estamos a gusto con ella, otras nos duelen, otras nos enorgullecen y algunas otras nos incómoda, pero siempre está ahí nunca desaparece.

Además, hay que tener en cuenta que según crecemos vamos utilizando otro tipo de calzado, vamos cambiando de gustos, incluso lo que antes nos parecía cómodo ahora ya no y viceversa. Y eso mismo pasa con la adopción vamos evolucionando, antes un comentario nos podría afectar mucho y hacernos conectar de forma muy intensa con el abandono y puede que ahora no, o  puede que sí porque habrá sentimientos que no cambien, también puede que ese comentario que nos había dejado de afectar si nos lo hacen dentro de una semana, un mes o un año nos vuelva afectar, puede que haya momentos en los que no dejemos de pensar en qué zapatos me pongo y otros en los que cojamos los primeros que veamos, es decir, habrá momentos en los que no dejaremos de pensar en la adopción y otros que la ignoremos completamente, independientemente, de la edad, el momento y la situación. 

Y para terminar recordad que podemos estar muy cómodos con nuestro calzado, pero cuando se nos mete una piedrecita estaremos incómodos, lo que cambiará es si en ese momento la podemos sacar o tendremos que esperar y aceptar que nos duela y nos incomode e incluso nos enfade, pero lo que lo que nos quitaremos, cuando podamos, será esa piedrecita, no el zapato.

Es decir, cuando nos incomode la adopción y el hecho de haber sido abandonados, tendremos que ver cuáles son los motivos que nos incomodan, ver cómo podemos aceptarlos para luego resolverlos y quizás eliminarlo, pero lo que nunca podremos eliminar es nuestra condición adoptiva y el hecho de haber sido abandonados, con todo lo bueno y malo que eso puede implicar.

La adopción y el abandono no son una mochila que te puedes quitar y poner, son más bien como el calzado, que casi siempre usamos, y que tenemos que aprender a buscar nuestra talla, el tipo con el que más cómodo estemos, pero aun así habrá veces que dolerá, que será incómodo, o que nos será indiferente, pero casi seguro que nunca lo perderemos.

De esto y más hablaremos en la presentación online del libro “Ser adoptado” de Carmen Mateo, mañana miércoles 3 de junio, inscripción en: Inscripción presentación online del libro “Ser adoptado” de Carmen Mateo

 

Vandita García Garrido

Legos y adopción

Legos y adopción

Ayer mientras hacía un proyecto de una ludoteca, estaba pensando en una dinámica para representar la resiliencia, entre las múltiples dinámicas que me venían se me ocurrió construir un muro, y de repente (sí, de repente, porque ya sabemos cómo aparecen las ideas) se me ocurrió que las personas adoptadas somos un poco similares a las piezas de lego o que quizás con los legos podríamos entendernos un poquito más y mejor. Así que aquí os dejo un conjunto de comparativas y sus explicaciones.

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Vandita García Garrido

 
Reflexiones de un padre acogedor y neuropsicólogo: ¿Qué queremos decir con la expresión “los bebés son cómo esponjas”?

Reflexiones de un padre acogedor y neuropsicólogo: ¿Qué queremos decir con la expresión “los bebés son cómo esponjas”?

 

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 “No se va a enterar”, “enseguida se va a adaptar”, “los bebés son esponjas”, “además no ha sufrido ninguna experiencia traumática”. Lo he escuchado continuamente, y no solo ahora como padre de acogida. En consulta he recibido padres y madres adoptivos que describiendo los datos biográficos de sus hijos , aseguran que la adopción ocurrió con pocos meses de vida y que aquello no impactó para nada en su desarrollo. “No se enteró de nada”. “No se acuerda de nada”.

Quería dedicar estas palabras a todos aquellos niños y niñas que vivieron (o vivirán) su proceso de acogimiento o adopción en una fase muy temprana de su vida, cambiando de una familia a otra en las mejores condiciones posibles, sin haber experimentado situaciones de abuso ni negligencia alguna. Niños y niñas, que en definitiva no han tenido el foco de atención puesto en ellos por no haber sido abusados o haber experimentado una negligencia grave, presuponiendo una continuidad sana en su proceso evolutivo de apego.

Bebés que desde su nacimiento han recibido lo más importante para establecer un apego seguro. Amor, protección y seguridad, tanto por parte de unos como de otros. Pero existe un riesgo y es olvidamos de algo crucial, el neurodesarrollo y con ello su forma de percibir, interpretar e interaccionar con el mundo. En el mejor de los casos, un niño adoptado o acogido sufre un “transplante social”, concepto que para mí define muy bien este hecho y que leí en algún capítulo del libro “Neuropsicología del abandono y el maltrato infantil”, coordinado por Rosa Mª Fernández García. Aunque ese transplante se haga en las mejores condiciones, pasando de “unas buenas manos a otras buenas manos”, el tacto de esas manos es distinto, y con ello obligamos a actualizar el “software” en el momento de su instalación, metafóricamente hablando. En el momento del nacimiento el cerebro de un niño se encuentra aproximadamente a solo un 25 % de su potencial neurodesarrollo. A continuación todo lo demás ocurre en un contexto donde ese padre y/o esa madre tienen un tono y ritmo de voz particular, también su prosodia, un tacto único y una manera de tocar, coger y abrazar, una forma de moverse, un rostro inconfundible, una manera de respirar, una frecuencia cardiaca particular, un espacio físico también único, entre otras muchas variables que en definitiva modelan el resto del neurodesarrollo. Si ésto cambia de repente, aunque las condiciones sean idóneas, en el mejor de los casos obligaremos a poner en marcha la actualización de “archivos” muy importantes hasta ese momento en su neurodesarrollo. No necesariamente supondrá un problema, ni mucho menos si lo esencial está presente, pero hemos de tenerlo en cuenta. Sin excesiva autoexigencia, pero sí con la sensibilidad suficiente. Requerirá más tiempo, más paciencia, más repetición, más mentalización. Aunque esencial, no es suficiente solo el amor. 

El psicólogo danés Niels Peter Rygaard lo explica magistralmente en su libro “El niño abandonado”. La primera tarea del bebé es construir un sistema sensorial coherente, siendo su estrategia de aprendizaje el reconocimiento y la experimentación con la misma fuente de estimulación. Al resultado de este desarrollo lo llamamos permanencia sensorial, es decir, la facultad de evocar lo familiar pasando por alto los estímulos irrelevantes. Pensemos que, en el mejor de los casos este proceso se interrumpe. 

Cuando alguien me pregunte en un futuro por su historia, afirmaré sin lugar a duda que cuando tenía solamente unos meses, experimentó un cambio muy importante en su vida. No he dejado de pensar durante el periodo de adaptación que a cada palabra, gesto o intervención mía es bien distinta a lo que ese bebé ha vivido, hecho que tengo muy presente. Aun teniendo cubiertas sus necesidades esenciales, se trata de un momento delicado y sensible.

Y ahora vuelvo a preguntar, ¿qué queremos decir cuando afirmamos que los bebés/niños son esponjas?, ¿en qué sentido lo estamos orientando?

César Sánchez. (Neuro)psicólogo y padre de acogida.

http://www.cesarsanpsicologo.com

¿Somos las personas adoptadas y acogidas capaces de ajustar nuestras propias expectativas a nuestra realidad?

¿Somos las personas adoptadas y acogidas capaces de ajustar nuestras propias expectativas a nuestra realidad?

 

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Cuando se habla de expectativas en adopción y acogimiento, casi siempre se refiere a la forma en la que las familias adoptivas y acogedoras deben rebajarlas y ajustarlas a la realidad de su hijo/a porque a veces, debido a nuestras primeras vivencias no podemos lograr aquellos aspectos que se esperan de cualquier hijo (buenos resultados académicos, buenas relaciones sociales, buena conducta, autonomía…).

Pero ¿las personas adoptadas y acogidas somos capaces de ajustar nuestras propias expectativas a nuestra realidad? ¿o por el contrario nos autoexigimos más?

Hace unos años fui a una charla impartida por Mar Romera (Pedagoga y psicopedagoga, experta en inteligencia emocional) en esta charla nos dijo que una buena autoestima se basa en un buen autoconcepto, es decir la capacidad de conocer cuales son mis capacidades y cuáles son mis límites. Una buena autoestima no se basa en decir “tú puedes con todo” ” vas a lograr todo lo que te propongas”, porque no es real y de hecho eso puede causar una baja autoestima cuando llegue el momento del fracaso o frustración, por no cumplir con lo que se nos ha dicho, o con lo que nos hemos creído de nosotros mismos.

Desde entonces me he dado cuenta de lo necesario que es el autoconcepto en cualquier persona, pero en nuestro caso, personas adoptadas y acogidas, lo uno a la importancia de la psicoeducación es decir, que se nos explique teóricamente (siempre adaptando el lenguaje) lo que puede implicar la adopción y acogimiento.

Pero volviendo a la gestión de expectativas, en mi caso siempre he sido muy autoexigente con casi todo lo que hago, sobre todo en cuanto a estudios, trabajo y voluntariado. Siempre he querido que todo salga perfecto, y si no lo conseguía seguía hasta que saliese tal y como yo quería, pero la realidad era y es, que por mucho que estudie muchas horas no voy a ser una chica de sobresaliente, tampoco me va a salir todo a la primera porque sé que necesito más tiempo y dedicación que otras personas, sé que los conceptos abstractos me cuesta entenderlos y que para hacer manualidades, aunque me gusten, quizás necesito una mañana entera cuando otros lo hacen en dos horas, pero ahora esto no me importa mucho, porque sé que estas necesidades específicas también incluyen mi capacidad de esfuerzo y de sobreponerme a las situaciones adversas. Pero antes llegar a esta reflexión (que aún me falta saber aplicármela más y mejor, porque ya sabemos que la teoría a todos se nos da muy bien pero la práctica es otra cosa)  ha habido y hay una baja autoestima por compararme con los demás, por autoexigirme a niveles en los que me salían ampollas en los dedos del estrés, por querer agradar al resto…

Y aquí entra la importancia de la psicoeducación en personas adoptadas y acogidas, cuando empecé a involucrarme en el mundo de la adopción y empecé a escuchar las charlas a las que iban mis padres, en las que se hablaba de abandono, de trauma, de necesidades específicas del aprendizaje derivadas de la condición adoptiva, como la dificultad de entender conceptos abstractos, de que necesitamos más tiempo para aprender, que a veces nos puede costar mantener relaciones sociales, de que nos autoexigimos mucho para que no nos dejen de nuevo sin ser conscientes de ello… ahí comencé a ajustar mis propias expectativas y a entender que yo no era la culpable de mis dificultades de aprendizaje, sino que viví una serie de factores externos que condicionaron mi cerebro y mi forma de relacionarme para poder sobrevivir en un momento dado,  lo cual funcionó pero también tuvo unas consecuencias. No son unas consecuencias que me impidan tener la vida que quiero, porque he sabido adaptarme y enfrentarme a las circunstancias, consiguiendo que aquel ejercicio de 2º de bachillerato en el que me preguntaban que donde me veía yo dentro de 5 años, al que respondí que en una asociación ayudando a personas y especialmente a niños, se ha hecho realidad y se ha superado, porque he aprendido a aceptar mi pasado gracias a que me han enseñado las implicaciones que puede tener el abandono en las personas adoptadas y acogida, he aprendido a no culpabilizarme y sí a responsabilizarme de mi autoconcepto.

Por esto os animo a que en las charlas habléis a los jóvenes de lo que implica la adopción y el acogimiento en las personas, porque esto no tiene por qué  convertirles en unos vagos o en unas personas victimistas, pero seguramente sí les ayude a mejorar su autoconcepto, para mejorar su autoestima, en definitiva a aceptarse y quererse más.

No os imagináis las caras de tranquilidad que se les queda cuando les explicas que muchas de sus dificultades y capacidades tienen una explicación y  unas causas de las que ninguno de nosotros tiene culpa o responsabilidad. Nuestra responsabilidad es aceptar esas causas y aprender a convivir con ellas, para así poder gestionar nuestras propias expectativas.

Vandita García Garrido

Ser resiliente no es una obligación

Ser resiliente no es una obligación

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Se han escrito y hemos leído muchísimas cosas desde que iniciamos la cuarentena. Lo que más me ha sorprendido es la inmediatez con la que ha ocurrido todo. De repente nos encontramos con un estado de alarma y su consiguiente confinamiento sin preparación previa y de la noche a la mañana. Ninguno lo imaginábamos. Del mismo modo proliferaron de manera inmediata listas de recomendaciones, “manuales” de supervivencia, propuestas, alternativas de ocio y tiempo libre, incluso textos de autoayuda express. Ni siquiera habían pasado 24 horas de confinamiento, y tal como viralizó en video un joven anónimo con gran sentido del humor y buen tino, “en un día y medio hemos montado ya el circo del Sol. ¿Qué nos van a ofrecer dentro de 2 semanas?”. A mi juicio, las ideas han de cultivarse previamente en viveros para convertirse en reflexiones, y evitar así la impulsividad de la acción, que se adelanta a nuestras necesidades sin dar lugar a que ocurran las cosas. Ha faltado reflexión y toma de conciencia, como es habitual en nuestra era, precipitándonos a inventar, sugerir e instruir de inmediato sobre cómo han de ser nuestras rutinas y modo de vida estos días, ¡incluso  cómo debemos sentirnos y vivir la situación que nos ha tocado!. 

He llegado a escuchar que existen dos tipos de familias: las resilientes y las que no lo son. Creo que las familias y las personas que las conforman son mucho más diversas y complejas que todo ésto. Desde la familia convencional y tradicional, hasta el menor acogido que vive en un Centro residencial de Protección, existe un abanico inmenso de realidades. No existen dos hogares iguales, y además las diferencias individuales que nos separan a unos y a otros, van mucho más allá de diferenciarnos entre los que son resilientes o los que no lo son. Tal vez mi reflexión se debe a mis años de experiencia en la clínica, conociendo e identificando cada historia como única. Si tú que lees esto, no te sientes identificado con un modelo concreto de familia o persona tal como te han contado durante esto días, si sientes que las recomendaciones que has leído y escuchado no se aproximan a la realidad que tú vives, ni son útiles para ti, es posible que hayas llegado a culpabilizarte por ello y a sentirte muy incomprendido. Si no estás aprovechando esta circunstancia que vivimos como una oportunidad para tu vida, no se debe a que seas un inútil o incapaz. Sin más, tus circunstancias vitales, históricas y actuales, que además tú no elegiste, no fueron aquellas que favorecieron un proceso resiliente. Tampoco es una obligación serlo, ni la única opción vital sana. 

Transformar la realidad que vivimos en una oportunidad no es una obligación, ni un proceso automático. En cualquier caso, será resultado de un proceso de transformación activo que nos costará mucho esfuerzo en mayor o menor medida y a lo largo del del tiempo. Si sientes que la situación te desborda, no bastará un libro de autoayuda ni una lista de recomendaciones. Probablemente vas a necesitar una ayuda más individualizada, pídela. 

En esta batalla, héroes lo somos todos. Un abrazo enorme.

César Sánchez

Psicólogo y padre de acogida.

COVID-19: ¿Y mi familia biológica?

COVID-19: ¿Y mi familia biológica?

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Durante estos días con tanto hablar del COVID-19, muchos estamos preocupados por nuestros familiares, amigos, seres queridos, conocidos etc. Teniendo la suerte de que podemos llamar, hablar por las redes sociales, saber de los otros, darnos ánimos. Pero las personas adoptadas tenemos otra familia, la familia biológica a la que muchos no podemos contactar, porque no sabemos nada de ella o porque sabemos que no nos vendrá bien contactar con ella aunque sea en estas circunstancias…

Y entre tanto pensar y preguntar por whatsapp a mis amigos y familiares, yo de repente me encontré  pensando en esa otra familia, mi  familia biológica, (soy adoptada de Bombay, India) y digo me encontré porque fue como ese momento en el que te acuerdas de una canción que hacía mucha que no escuchabas, y la escuchas y luego no paras de escucharla, pues eso me pasó a mí y esto seguramente les está pasando a muchas personas adoptadas.

Me empecé a plantear muchas preguntas, a sentir incertidumbre, a querer saber y a la vez a no querer acercarme más de la cuenta. Las dudas que me planteaba eran:  si no se ha muerto ya por otros motivos ¿se habrá muerto? ¿Estará pasando por esto?, ¿Ella pensará en mí cómo yo pienso en ella? ¿podrá acceder a un médico si lo necesita?, ¿su familia estará bien?, ¿tendrá miedo?, ¿estará acompañada o vivirá sola?.

Mientras me planteaba todas esas preguntas también iba siendo consciente de la realidad de la India y entonces me planteaba otra, si en España tenemos la situación que tenemos siendo un país del “primer mundo”, ¿Cómo estarán allí? Y decidí buscar datos (otras de las ventajas de las nuevas comunicaciones, la información instantánea) Los datos actuales del COVID-19 en India son 315 infectados y 44 muertos, en ese momento pensé ¡ah! Pues ni tan mal, aunque al rato volví a ser consciente de la realidad de la India, del sistema de castas, de las miles de personas que mueren diariamente sin conocer las causas y sin que les importe a nadie, entonces pensé de esos datos, que son personas (que no se nos olvide), serán los que han podido acceder a la sanidad del país, los que además hayan podido hacerse la prueba, pero ¿cuántas personas han muerto o están infectadas del COVID-19 y no se sabe ni lo saben?.

Esto me llevó a pensar a qué seguramente mi madre biológica sea una de esas que no tienen acceso a la sanidad, que si esto le toca puede morirse o no, y si no le toca se podra morir en este tiempo por otra cosa, por tanto al final pensar en mi madre biológica, siempre genera dudas, y a veces esas dudas también calman la incertidumbre, porque en cierto modo son las mismas dudas que tienes siempre porque conoces la realidad de la India y por tanto seguramente o a lo mejor no, será de esas personas invisibles para la India, pero para mí no lo es, y por eso seguiré pensando ¿Y mi familia bilógica?

Vandita García Garrido