¿Y si no queremos saber nada de nuestro país de origen y cultura de origen?

¿Y si no queremos saber nada de nuestro país de origen y cultura de origen?

Esta pregunta surge siempre que doy charlas “¿Qué hago si mi hijo/a no quiere ni hablar de su país de origen?”, y mi respuesta siempre es la misma “respetad los límites que os ponen, dad tiempos, no presionéis y seguid creando oportunidades de hablar del país pero sin ser pesados”

A veces escucho a padres y madres y me asusta la forma en que transmiten los orígenes, llegando a un punto en el que hacen sentir a sus hijxs que no se merecen sentirse de aquí porque no es su país de origen;  eso puede ser muy dañino porque al final nos desarrollamos y vivimos en España y creo que es bueno adaptarnos, con todas nuestras dudas sobre la identidad y con todo lo que ya sabemos que conlleva.

Otra frase que siempre me dicen los padres y madres es “continuamente le repito que su país es maravilloso y que le tiene que encantar y no lo debe rechazar ”, y mi respuesta siempre es la misma,quizás para nosotros hay momentos en los que  no es tan maravilloso”. Porque no se nos debe olvidar que en ese país en el que vosotr@s cumplisteis el sueño de ser familia a nosotr@s nos abandonaron, que en ese país podemos haber sufrido ciertas carencias o malostratos que han podido tener efectos en nuestras vidas, quizás no es nuestro momento y necesitamos descansar un poco de adopción, y de países, y de identidad, o quizás nos supone tanto dolor que no seamos capaces de enfrentarnos a esa parte de nuestra historia. A veces con ese mensaje sentimos que nos fuerza a apreciar y a valorar nuestro país de origen. 

A veces la cultura y realidad social de nuestro país de origen es muy dura, y esa faceta a algunas familias  les da miedo transmitirnosla, y al final la descubrimos ya sea por libros, documentales, películas o cualquier otro medio, y creo que descubrir esa parte menos idílica conlleva un duelo que se debe respetar, y que muchas veces lo vivimos en soledad por vergüenza y miedo. Conocer esa cultura en muchos casos, como el mío, conlleva ser consciente de una realidad social muy dura como es el maltrato y menosprecio a la mujer (sé que esto lo tenemos a la orden del día en España pero por desgracia en otros países el movimiento feminista aun no está tan empoderado como aquí, sabiendo lo poco valorado y en muchas ocasiones, menospreciado que sigue estando en España), conlleva conocer el maltrato infantil, la pobreza, los sistemas judiciales tan injustos, las condiciones en las que hemos podido ser abandonados y tratados. Y por supuesto el racismo que en muchos casos vivimos, nos puede llevar a rechazar a nuestro país de origen, y esto también hay que respetarlo y acompañar en ello.

 Por eso a veces esas frases de “cómo puedes rechazar tu país” pueden no permitirnos compartir ese duelo con la familia.

Esto no quiere decir que me parezca mal que se hable del país de origen o de la familia biológica, por supuesto que no, pero creo que hay formas indirectas de hacerlo respetando nuestro espacio. Por ejemplo, se puede mandar información interesante sobre el país de origen, se puede proponer ver pelis, se puede comentar alguna noticia, se puede y se debe hablar del racismo y de lo injusto que es que lo tengamos que vivir, pero si mostramos rechazo respetadlo y no presionéis. Una forma de mostrar ese aprecio por el país de origen puede ser cambiando la frase “tu país es maravilloso” por “para mí tu país de origen es maravilloso” De esta forma seguís manteniendo la puerta abierta para que podamos preguntar cuando queramos o necesitemos.

Os pongo un ejemplo de esto último contando mi caso personal: Siempre había estado orgullosa de la India, hasta que con 14 años me empecé a leer el libro “Sonrisas de Bombay” de Jaume Sanllorent. A los dos o tres capítulos les dije a mis padres que no lo quería seguir leyendo, porque estaba empezando a odiar la India. En este libro el autor narra cómo odió Bombay en un primer momento, narraba toda la pobreza, la realidad cultural y social, y yo que soy una persona que siempre he querido luchar por esas injusticias no podía aceptar pertenecer a un país en donde todo lo que siempre he rechazado y denunciado estuviese latente y fuese algo completamente normalizado. Lo importante fue la respuesta de mis padres, ellos me dijeron y me demostraron  que no había problema en que lo dejase de leer, que ese libro seguiría estando ahí si en algún momento yo quería retomarlo. Y así fue, 4 años después lo volví a empezar, lo terminé y hace un año me compré el segundo libro “Mujeres de Bombay”,  y como les he dicho a ellos, cuando viajemos a Bombay, si o si tendremos que conocer el proyecto sonrisas de Bombay.

Y ese proceso de reconciliación con mis orígenes, que a veces sigue ahí, en parte ha sido porque no se quitaron los libros, ni se dejó de comer comida India (en ocasiones puntuales), no se me dejó de proponer ver pelis indias, no se dejó de hablar de la India, pero sí se me permitió tener mi espacio, no se me obligó ni a leer cosas de la India, ni a ver esas pelis y mucho menos a hablar de la India, por lo que yo sabía que cuando quisiese, y así ha sido, podría volverles  a preguntar por la India y a hablar de la India con ellos.

Para ir terminando, quiero compartir con vosotr@s la frase que más odio que me digan: “qué bonita es la India, seguro que te va a encantar”, y permitidme esta expresión coloquial, a mí en esos momentos solo se me ocurre “mandar a la gente a pastar”. 

Creo que una de las personas (fuera de mi familia) qué mejor forma ha tenido de hablar de la India, ha sido mi terapeuta, hace un tiempo me dijo “cuando yo estuve en la India…” y ni hizo alusión a si yo quería ir, ni me dijo lo maravillosa que podría ser la India, simplemente esa frase, y eso a mí me ha hecho ilusión y me hace sentirme afortunada de tener un terapeuta que ha conocido mi país de origen, me ha dado más confianza, ahora sé que si en algún momento quiero, podré hablarlo con él  y que si no quiero hablarlo también estará bien.

Así que, repito, dad y respetad tiempos, no ensalcéis ni menosprecéis el país de origen de vuestr@s hij@s, permitid que lo hagan suyo, a su manera, a su ritmo, que puedan vivir ese duelo si es necesario y si es posible acompañadles en él, dejad que adoren a su país, que lo odien y lo ignoren, porque solo así lo harán un poco más suyo.

Termino con una pregunta que quizás hace reflexionar sobre lo difícil que es mostrar la cara menos afable del país de origen ¿Cuántos habéis buscado información sobre la situación en torno al COVID-19 en el país de origen de vuestr@s hij@s? Porque estoy casi segura que much@s de vuestr@s hij@s (preadolescentes, adolescentes, jóvenes y adultos) lo han buscado, aunque no lo hayan dicho.

Vandita García Garrido

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