Más allá de la visión de las personas adoptadas

Más allá de la visión de las personas adoptadas

toda escucha

A menudo nos dicen que nuestra opinión y visión, la de las personas adoptadas, es muy importante y por supuesto que lo es para concienciar, sensibilizar y sobre todo ayudar a familias adoptivas, personas adoptadas y profesionales.

Pero creo que para nosotras, las personas adoptadas, o al menos para mí, ha sido y es muy importante conocer la visión de las familias adoptivas, para entender sin culpabilizar y sin juzgar.

El conocer que las familias adoptivas  han pasado por sus duelos previos a la decisión de adoptar, incluso duelos durante el proceso de adopción, asignaciones fallidas, a veces rechazos por parte del entorno familiar por tomar la decisión de adoptar, preguntas incómodas…

No me gustan las palabras “embarazo de elefante”, ni “hijos del corazón”, ni “hilo rojo”, para referirnos a un proceso de adopción, porque hacen alusión a un camino de rosas que no es real, porque como ya sabemos, en los procesos de espera hay altibajos porque el tiempo se alarga, porque tienen que escuchar comentarios inoportunos, porque en muchas ocasiones se han sentido abandonados por las administraciones y las entidades encargadas de tramitar adopciones, etc.

También he comprobado cómo se critica a algunas familias adoptivas cuando creemos que no entienden o no ayudan a sus hijos, yo incluida (aunque creo que la crítica constructiva siempre es necesaria para poder mejorar), pero pienso que a veces nos falta mucha empatía y comprensión para poder ayudar sin juicios y sin culpabilizarles, lo cual muchas veces hacemos aunque sea sin querer. 

Más de una vez he oído que ellos asumen nuestras dificultades en el momento de adoptar y que luego no debieran quejarse, pero hay que tener presente que en el momento en que adoptan pueden tener una información incompleta, y a medida que la van actualizando posteriormente con los nuevos conocimientos sobre las posibles consecuencias del abandono, pueden tener la percepción de que se les ha engañado, por lo que creo que tienen todo el derecho a quejarse.

Las familias adoptivas, aun asumiendo lo que nos pasa, no son culpables de ello y muchas veces se las culpabiliza. Para mí la responsabilidad la tienen cuando no ponen medios para ayudarnos, y cuando se focaliza el problema solo es nosotros. Medios como la información e incluso la formación, asistiendo a charlas, intercambio de experiencias con otras familias adoptivas en las asociaciones, leer sobre adopción, acudir a profesionales especializados cuando sea necesario …

No podemos olvidar que también hay muchas familias que queriendo, poniendo todos los medios posibles no nos pueden ayudar, quizás por una falta de capacidades, o por una mala gestión de expectativas,o teniendo todas esas capacidades y esa gestión de expectativas bien hecha, puede que tengamos unas dificultades muy complejas (que en ningún momento son culpa nuestra sino de todas las experiencias que nos ha  tocado vivir), que a veces hay que asumir y simplemente acompañar para que nos desarrollemos lo mejor posible, porque eso es lo que necesitamos en ciertos momentos, sentirnos acompañados, y para eso creo que sólo se necesita comprensión y aceptación, aunque estoy segura que aceptar que “solo” puedes hacer eso, para una familia tiene que ser muy duro. A todo esto se le añade el tener que escuchar que no les tendrían que haber dado la idoneidad, (ojo, que estoy muy de acuerdo en que en algunos casos la idoneidad no se tendría que haber dado), que nos han malcriado, que no entienden de las consecuencias de la adopción, etc.

Escuchar testimonios de familias adoptivas, en grupos de padres, en charlas, asociaciones, intervenciones individuales, me ha ayudado a entender mejor ciertas actitudes, a ser más sensible, a no dar la verdad absoluta solo a una parte (la de las personas adoptadas), aprender a escuchar ambas versiones (la de la familia adoptiva y la de la persona adoptada) y a intervenir de una forma más humana y cercana con ambas partes, una intervención en la que se sientan acompañadas y no juzgadas y en dónde tengo la posibilidad como profesional (trabajadora social), de dar un toque de atención a la parte que más lo necesite ya sea la persona adoptada o la familia adoptiva, y de abrazar emocionalmente también a la parte que más lo necesite, que no siempre somos los adoptados.

Tenemos muy claro lo de la tríada de la adopción (aunque para mí es más bien un cuarteto porque al final, casi siempre, en algún momento entra a formar parte del trío algún profesional), pero no lo tenemos tan claro a la hora de entender, comprender y no juzgar a todas las partes, el siguiente paso que nos falta sería el no juzgar a las familias biológicas.

Vandita García Garrido

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