Reflexiones de un padre acogedor y neuropsicólogo: ¿Qué queremos decir con la expresión “los bebés son cómo esponjas”?

Reflexiones de un padre acogedor y neuropsicólogo: ¿Qué queremos decir con la expresión “los bebés son cómo esponjas”?

 

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 “No se va a enterar”, “enseguida se va a adaptar”, “los bebés son esponjas”, “además no ha sufrido ninguna experiencia traumática”. Lo he escuchado continuamente, y no solo ahora como padre de acogida. En consulta he recibido padres y madres adoptivos que describiendo los datos biográficos de sus hijos , aseguran que la adopción ocurrió con pocos meses de vida y que aquello no impactó para nada en su desarrollo. “No se enteró de nada”. “No se acuerda de nada”.

Quería dedicar estas palabras a todos aquellos niños y niñas que vivieron (o vivirán) su proceso de acogimiento o adopción en una fase muy temprana de su vida, cambiando de una familia a otra en las mejores condiciones posibles, sin haber experimentado situaciones de abuso ni negligencia alguna. Niños y niñas, que en definitiva no han tenido el foco de atención puesto en ellos por no haber sido abusados o haber experimentado una negligencia grave, presuponiendo una continuidad sana en su proceso evolutivo de apego.

Bebés que desde su nacimiento han recibido lo más importante para establecer un apego seguro. Amor, protección y seguridad, tanto por parte de unos como de otros. Pero existe un riesgo y es olvidamos de algo crucial, el neurodesarrollo y con ello su forma de percibir, interpretar e interaccionar con el mundo. En el mejor de los casos, un niño adoptado o acogido sufre un “transplante social”, concepto que para mí define muy bien este hecho y que leí en algún capítulo del libro “Neuropsicología del abandono y el maltrato infantil”, coordinado por Rosa Mª Fernández García. Aunque ese transplante se haga en las mejores condiciones, pasando de “unas buenas manos a otras buenas manos”, el tacto de esas manos es distinto, y con ello obligamos a actualizar el “software” en el momento de su instalación, metafóricamente hablando. En el momento del nacimiento el cerebro de un niño se encuentra aproximadamente a solo un 25 % de su potencial neurodesarrollo. A continuación todo lo demás ocurre en un contexto donde ese padre y/o esa madre tienen un tono y ritmo de voz particular, también su prosodia, un tacto único y una manera de tocar, coger y abrazar, una forma de moverse, un rostro inconfundible, una manera de respirar, una frecuencia cardiaca particular, un espacio físico también único, entre otras muchas variables que en definitiva modelan el resto del neurodesarrollo. Si ésto cambia de repente, aunque las condiciones sean idóneas, en el mejor de los casos obligaremos a poner en marcha la actualización de “archivos” muy importantes hasta ese momento en su neurodesarrollo. No necesariamente supondrá un problema, ni mucho menos si lo esencial está presente, pero hemos de tenerlo en cuenta. Sin excesiva autoexigencia, pero sí con la sensibilidad suficiente. Requerirá más tiempo, más paciencia, más repetición, más mentalización. Aunque esencial, no es suficiente solo el amor. 

El psicólogo danés Niels Peter Rygaard lo explica magistralmente en su libro “El niño abandonado”. La primera tarea del bebé es construir un sistema sensorial coherente, siendo su estrategia de aprendizaje el reconocimiento y la experimentación con la misma fuente de estimulación. Al resultado de este desarrollo lo llamamos permanencia sensorial, es decir, la facultad de evocar lo familiar pasando por alto los estímulos irrelevantes. Pensemos que, en el mejor de los casos este proceso se interrumpe. 

Cuando alguien me pregunte en un futuro por su historia, afirmaré sin lugar a duda que cuando tenía solamente unos meses, experimentó un cambio muy importante en su vida. No he dejado de pensar durante el periodo de adaptación que a cada palabra, gesto o intervención mía es bien distinta a lo que ese bebé ha vivido, hecho que tengo muy presente. Aun teniendo cubiertas sus necesidades esenciales, se trata de un momento delicado y sensible.

Y ahora vuelvo a preguntar, ¿qué queremos decir cuando afirmamos que los bebés/niños son esponjas?, ¿en qué sentido lo estamos orientando?

César Sánchez. (Neuro)psicólogo y padre de acogida.

http://www.cesarsanpsicologo.com