¿Somos las personas adoptadas y acogidas capaces de ajustar nuestras propias expectativas a nuestra realidad?

¿Somos las personas adoptadas y acogidas capaces de ajustar nuestras propias expectativas a nuestra realidad?

 

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Cuando se habla de expectativas en adopción y acogimiento, casi siempre se refiere a la forma en la que las familias adoptivas y acogedoras deben rebajarlas y ajustarlas a la realidad de su hijo/a porque a veces, debido a nuestras primeras vivencias no podemos lograr aquellos aspectos que se esperan de cualquier hijo (buenos resultados académicos, buenas relaciones sociales, buena conducta, autonomía…).

Pero ¿las personas adoptadas y acogidas somos capaces de ajustar nuestras propias expectativas a nuestra realidad? ¿o por el contrario nos autoexigimos más?

Hace unos años fui a una charla impartida por Mar Romera (Pedagoga y psicopedagoga, experta en inteligencia emocional) en esta charla nos dijo que una buena autoestima se basa en un buen autoconcepto, es decir la capacidad de conocer cuales son mis capacidades y cuáles son mis límites. Una buena autoestima no se basa en decir “tú puedes con todo” ” vas a lograr todo lo que te propongas”, porque no es real y de hecho eso puede causar una baja autoestima cuando llegue el momento del fracaso o frustración, por no cumplir con lo que se nos ha dicho, o con lo que nos hemos creído de nosotros mismos.

Desde entonces me he dado cuenta de lo necesario que es el autoconcepto en cualquier persona, pero en nuestro caso, personas adoptadas y acogidas, lo uno a la importancia de la psicoeducación es decir, que se nos explique teóricamente (siempre adaptando el lenguaje) lo que puede implicar la adopción y acogimiento.

Pero volviendo a la gestión de expectativas, en mi caso siempre he sido muy autoexigente con casi todo lo que hago, sobre todo en cuanto a estudios, trabajo y voluntariado. Siempre he querido que todo salga perfecto, y si no lo conseguía seguía hasta que saliese tal y como yo quería, pero la realidad era y es, que por mucho que estudie muchas horas no voy a ser una chica de sobresaliente, tampoco me va a salir todo a la primera porque sé que necesito más tiempo y dedicación que otras personas, sé que los conceptos abstractos me cuesta entenderlos y que para hacer manualidades, aunque me gusten, quizás necesito una mañana entera cuando otros lo hacen en dos horas, pero ahora esto no me importa mucho, porque sé que estas necesidades específicas también incluyen mi capacidad de esfuerzo y de sobreponerme a las situaciones adversas. Pero antes llegar a esta reflexión (que aún me falta saber aplicármela más y mejor, porque ya sabemos que la teoría a todos se nos da muy bien pero la práctica es otra cosa)  ha habido y hay una baja autoestima por compararme con los demás, por autoexigirme a niveles en los que me salían ampollas en los dedos del estrés, por querer agradar al resto…

Y aquí entra la importancia de la psicoeducación en personas adoptadas y acogidas, cuando empecé a involucrarme en el mundo de la adopción y empecé a escuchar las charlas a las que iban mis padres, en las que se hablaba de abandono, de trauma, de necesidades específicas del aprendizaje derivadas de la condición adoptiva, como la dificultad de entender conceptos abstractos, de que necesitamos más tiempo para aprender, que a veces nos puede costar mantener relaciones sociales, de que nos autoexigimos mucho para que no nos dejen de nuevo sin ser conscientes de ello… ahí comencé a ajustar mis propias expectativas y a entender que yo no era la culpable de mis dificultades de aprendizaje, sino que viví una serie de factores externos que condicionaron mi cerebro y mi forma de relacionarme para poder sobrevivir en un momento dado,  lo cual funcionó pero también tuvo unas consecuencias. No son unas consecuencias que me impidan tener la vida que quiero, porque he sabido adaptarme y enfrentarme a las circunstancias, consiguiendo que aquel ejercicio de 2º de bachillerato en el que me preguntaban que donde me veía yo dentro de 5 años, al que respondí que en una asociación ayudando a personas y especialmente a niños, se ha hecho realidad y se ha superado, porque he aprendido a aceptar mi pasado gracias a que me han enseñado las implicaciones que puede tener el abandono en las personas adoptadas y acogida, he aprendido a no culpabilizarme y sí a responsabilizarme de mi autoconcepto.

Por esto os animo a que en las charlas habléis a los jóvenes de lo que implica la adopción y el acogimiento en las personas, porque esto no tiene por qué  convertirles en unos vagos o en unas personas victimistas, pero seguramente sí les ayude a mejorar su autoconcepto, para mejorar su autoestima, en definitiva a aceptarse y quererse más.

No os imagináis las caras de tranquilidad que se les queda cuando les explicas que muchas de sus dificultades y capacidades tienen una explicación y  unas causas de las que ninguno de nosotros tiene culpa o responsabilidad. Nuestra responsabilidad es aceptar esas causas y aprender a convivir con ellas, para así poder gestionar nuestras propias expectativas.

Vandita García Garrido