Ser resiliente no es una obligación

Ser resiliente no es una obligación

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Se han escrito y hemos leído muchísimas cosas desde que iniciamos la cuarentena. Lo que más me ha sorprendido es la inmediatez con la que ha ocurrido todo. De repente nos encontramos con un estado de alarma y su consiguiente confinamiento sin preparación previa y de la noche a la mañana. Ninguno lo imaginábamos. Del mismo modo proliferaron de manera inmediata listas de recomendaciones, “manuales” de supervivencia, propuestas, alternativas de ocio y tiempo libre, incluso textos de autoayuda express. Ni siquiera habían pasado 24 horas de confinamiento, y tal como viralizó en video un joven anónimo con gran sentido del humor y buen tino, “en un día y medio hemos montado ya el circo del Sol. ¿Qué nos van a ofrecer dentro de 2 semanas?”. A mi juicio, las ideas han de cultivarse previamente en viveros para convertirse en reflexiones, y evitar así la impulsividad de la acción, que se adelanta a nuestras necesidades sin dar lugar a que ocurran las cosas. Ha faltado reflexión y toma de conciencia, como es habitual en nuestra era, precipitándonos a inventar, sugerir e instruir de inmediato sobre cómo han de ser nuestras rutinas y modo de vida estos días, ¡incluso  cómo debemos sentirnos y vivir la situación que nos ha tocado!. 

He llegado a escuchar que existen dos tipos de familias: las resilientes y las que no lo son. Creo que las familias y las personas que las conforman son mucho más diversas y complejas que todo ésto. Desde la familia convencional y tradicional, hasta el menor acogido que vive en un Centro residencial de Protección, existe un abanico inmenso de realidades. No existen dos hogares iguales, y además las diferencias individuales que nos separan a unos y a otros, van mucho más allá de diferenciarnos entre los que son resilientes o los que no lo son. Tal vez mi reflexión se debe a mis años de experiencia en la clínica, conociendo e identificando cada historia como única. Si tú que lees esto, no te sientes identificado con un modelo concreto de familia o persona tal como te han contado durante esto días, si sientes que las recomendaciones que has leído y escuchado no se aproximan a la realidad que tú vives, ni son útiles para ti, es posible que hayas llegado a culpabilizarte por ello y a sentirte muy incomprendido. Si no estás aprovechando esta circunstancia que vivimos como una oportunidad para tu vida, no se debe a que seas un inútil o incapaz. Sin más, tus circunstancias vitales, históricas y actuales, que además tú no elegiste, no fueron aquellas que favorecieron un proceso resiliente. Tampoco es una obligación serlo, ni la única opción vital sana. 

Transformar la realidad que vivimos en una oportunidad no es una obligación, ni un proceso automático. En cualquier caso, será resultado de un proceso de transformación activo que nos costará mucho esfuerzo en mayor o menor medida y a lo largo del del tiempo. Si sientes que la situación te desborda, no bastará un libro de autoayuda ni una lista de recomendaciones. Probablemente vas a necesitar una ayuda más individualizada, pídela. 

En esta batalla, héroes lo somos todos. Un abrazo enorme.

César Sánchez

Psicólogo y padre de acogida.