Estado de alerta sanitaria y adversidad temprana: cuando la alerta también está en casa.

Estado de alerta sanitaria y adversidad temprana: cuando la alerta también está en casa.

 

casa alarma

Estos días de obligado aislamiento social debido a la pandemia del COVID-19 son días difíciles para todos. Es una situación nueva y desconocida, que antes no habíamos vivido y la  incertidumbre crea desasosiego, preocupación e incluso ansiedad. Esta situación de incertidumbre es vivida con especial intensidad por los niños y jóvenes que han sufrido adversidad temprana, ya que para ellos esta situación puede producirles además inseguridad y miedo.

Serán días en los que los más pequeños estén especialmente hiper demandantes y mimosos (necesitarán sentir especialmente el apego seguro de sus padres y poder confiar en que no van a desaparecer). Habrá momentos en los que se reactiven miedos que parecían superados, en los que la falta de actividad física al exterior les produzca mayor sobreactivación y alteración en el sueño e incluso en la alimentación. Serán días especialmente intensos y cansados para sus padres, que tendrán que exprimir al máximo todo su ingenio y creatividad. 

En estos días, además de la especial importancia que cobra mantener una rutina y hábitos saludables, es también importante planificar con ellos qué van a hacer a lo largo de esa jornada para que puedan recuperar un poco la seguridad de que hay algo predecible entre tanta incertidumbre. 

Por supuesto, también explicarles la situación de manera serena y calmada mediante nuestra propia regulación (que no evitación), adaptando el lenguaje a su comprensión, pero sin secretismos y respondiendo a todas las dudas que puedan plantear los hijos. Debido el exceso de información que estamos recibiendo en relación al coronavirus, recomendamos dosificar la comunicación en torno a ello para que no sea el único tema de conversación.

Pese a todos los inconvenientes e incomodidades, es un momento de oportunidad. Oportunidad para mirar a los ojos a nuestros hijos;  oportunidad de jugar, de mantener largas conversaciones, de ver películas juntos, de cantar y bailar con ellos, de escucharles, de inventar y aprender de sus invenciones. Es sobre todo Oportunidad de estar con ellos sin la prisa de mirar el reloj, sin pensar en todo lo que nos queda por hacer, porque ahora tenemos el tiempo que tantas veces reclamamos. Es también una oportunidad para pensar en maneras de cuidarnos a nosotros mismos permitiéndonos nuestros propios espacios de descanso, por ejemplo en los casos en los que haya dos padres, podéis hacer turnos con los hijos para no saturaros y poder tener pequeños espacios de autocuidado.También es momento de que los niños con diferentes dificultades de aprendizaje puedan reforzar conocimientos a través de tareas más lúdicas (por ejemplo, si a un niño le cuestan las matemáticas, sus padres podrán ponerle ejemplos con juegos, como ponerles objetos de la casa con los que visualmente entiendan mejor los conceptos abstractos).

Es cierto que hay y habrá momentos difíciles y duros en los que habrá que poner límites (por ejemplo para marcar los tiempos con los “dichosos” dispositivos electrónicos, en las peleas entre hermanos, en las tareas que les dan pereza) pero son momentos por los que hay que pasar y que los adultos debemos aceptar. 

Especialmente preocupados están los padres con hijos adolescentes y jóvenes en este momento. Nos escriben whatsapp preocupados porque no saben qué hacer con ellos, porque se encuentran en situaciones especialmente delicadas y complicadas: hijos con trastorno del apego, hijos con TEAF, hijos con trastornos mentales… Situaciones en las que este panorama se complica todavía más. 

No podemos darles recetas mágicas porque no existen. En estos casos la multitud de ideas que corren por las redes sobre lo que se puede hacer, muchas veces no sirven.  

En estas situaciones especialmente vulnerables, nuestros consejos a los padres serían:

Aceptar y tolerar lo que está pasando. Si esto nos altera a los adultos, a ellos todavía más, por eso primero somos nosotros los que debemos ver cómo estamos y cambiar nuestra actitud si estamos especialmente irritables.

Buscar espacios de autocuidado para poder sobrellevar de mejor manera esta situación de especial estrés. A mayor situación de desgaste, mayor tiempo de autocuidado hay que dedicar, para equilibrar la balanza. 

Si se está asistiendo a terapia, intentar mantener las sesiones, en la medida de lo posible, aunque en este momento tenga que ser online.

Intentar propiciar la comunicación con los hijos, aunque no sea siempre exitosa y evitando caer en ser excesivamente pesados. Propiciamos por ejemplo la comunicación cuando les decimos: “ Voy a ver tal película ¿te apetece verla conmigo?” En vez de “Vamos a ver esta película” y si el hijo accede, esa película puede ser la oportunidad para iniciar una conversación. Propiciamos la comunicación cuando les preguntamos a ellos su opinión, qué les apetece hacer, no cuando les imponemos continuamente lo que tienen que hacer. Cuando son los hijos los que inician la conversación, por ejemplo para decir: “Estoy harto de esta situación y quiero salir a la calle” validar estos sentimientos y continuar la conversación con ellos de manera calmada. Evitar contestaciones como reproches o comentarios del tipo: “Déjate de tonterías porque no se puede salir a la calle”.

Respetar los espacios de intimidad de los hijos y de los padres.

– Recordar que, aunque sean mayores en edad, su edad cronológica no siempre corresponde con su edad real y en estos momentos de especial dificultad, seguramente tengan un retroceso y puedan parecernos más infantiles. No hay que olvidar que son sus miedos los que les hacen comportarse así. Entender y permitir que expresen esas conductas más infantiles, siempre que no supongan un riesgo para ellos o para los demás, en cuyo caso hay que ponerles límites.

– Cuando hay situaciones en las que los chicos se escapan de casa incumpliendo las recomendaciones sanitarias y las normas y límites de los padres, aceptar que entonces será la policía la que les tenga que poner esos límites y ellos tendrán que asumir las consecuencias. Aceptar que hay veces que no se puede hacer otra cosa, por mucho que cueste y duela.

Favorecer que la convivencia sea lo mejor posible haciendo que las normas de convivencia sean pocas y claras ( si hay un exceso de normas, al final no cumplen ninguna).

Ser más flexibles estos días en determinados aspectos. Aunque no nos guste, entender que estos días utilizarán más los móviles, ya que es su manera de comunicarse y sentirse unidos a sus amigos y saber que están ahí y no los han perdido. 

– Dado que muchos de estos chicos tienen especiales dificultades a la hora de tener iniciativa, tomar la iniciativa los padres para proponerles algún tipo de actividad para que no se pasen al extremo de estar todo el día “tirados en el sofá”. 

Utilizar el sentido del humor todo lo que podamos, ya que el humor y la risa rebajan los niveles de estrés. Estos días todos estamos recibiendo mucho humor a través de las redes; aprovechemos a disfrutar del ingenio que hay en ellos.

-Puede ser un momento en el que est@s chic@s se pregunten qué estará pasando en los países de origen de sus familias biológicas y qué pasará con ellos. Os recomendamos acompañarles y apoyarles en estos miedos.

Mucho ánimo para tod@s y recordad: “Todo va a ir bien”.

Belén Ruiz de Miguel