Adopción e identidad, en primera persona

Adopción e identidad, en primera persona

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, gafas de sol y primer plano

 

Esta soy yo, con unos maravillosos rizos que a mucha gente le encantan y que a mí ahora mismo me fascinan, pero esto no siempre ha sido así.

Seguramente habréis escuchado muchas veces eso de “la que tiene el pelo rizado lo quiere liso, y la que lo tiene liso lo quiere rizado” yo también he sido de esas, en mi caso no era por estética esto iba más allá…

De los 14-19 años odié mi pelo por ser rizado porque no se parecía al pelo de las chicas Indias, que lo tienen ondulado o liso, tampoco se parecía al de mi familia o mis amigas, entonces era como que yo no me parecía a nadie, no pertenecía a ningún sito. Me costaba mucho llevar el pelo suelto, mejor una coleta o una trenza (peinado recogido por excelencia en las mujeres indias), por mí me lo hubiese alisado, para ser como el resto. Cuando alguna vez lo expresaba se me recriminaba que no me gustará porque “con lo maravillosos que son”, entiendo que siempre era con buena intención, pero eso me hacía sentir peor, cuando empecé a decir que no me gustaba porque en la India casi todas las chicas tienen el pelo ondulado, la respuesta era la India es muy grande a saber qué mezcla tienes. Y esa frase tan inocente y tan sencilla no os imagináis el dolor que nos produce a algunas personas adoptadas, efectivamente “ a saber”, y ahí comienzan las dudas, miedos, incertidumbre, no saber quién eres…


Cuando hablamos de la identidad en personas adoptadas muchas veces pensamos que lo que le hace cuestionarse su identidad son solo momentos claves y profundos, pero a veces son cosas tan sencillas las que tambalean toda nuestra identidad como por ejemplo, el pelo o el color de la piel.
En nuestra vida necesitamos tener la seguridad de pertenecer a algo ya sea familia, amigos, identificarnos con algo, y esto a nosotros nos cuesta mucho sobre todo en la adolescencia, cuando tu cuerpo cambia, tú evolucionas y te comparas y te comparan, cuando ves que no te pareces a nadie,te sientes perdido porque necesitas algo visible que te diga “eh, este es tu lugar” y en mi caso por mucho que buscaba no lo encontraba ni en mi familia ni en la gente de mí país de origen, la India. No pertenecía a ningún lugar y si no pertenecía a ningún lugar todo podía desaparecer, porque no hay donde aferrarse.

Ahora adoro mis rizos, y me enfado cuando en la peluquería me lo quieren alisar, son complejos y con mucha vida, se enredan ellos solos, son como yo, me definen con esa vitalidad. Es cierto que no parezco una chica india ni española físicamente, pero sé que en mi personalidad están reflejadas ambos países. ¡Me sigue removiendo que me digan “ah! Pues no pareces India”, pero ahora mi respuesta es “ya, es que en la India SOMOS muy diversos” Y seguramente volveré a cuestionarme mi identidad en un futuro, porque muchas personas adoptadas lo haremos durante toda nuestra vida, por distintos motivos y en diferentes momentos, pero qué necesarias son esas preguntas para conocernos un poquito mejor y aceptarnos un poquito más.

 

Vandita García Garrido