Reivindicando el valor del vínculo. Una reflexión tras la reciente jornada organizada por Psicoveritas sobre Psicología y Adopción.

Reivindicando el valor del vínculo. Una reflexión tras la reciente jornada organizada por Psicoveritas sobre Psicología y Adopción.

 

 

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A menudo surge la duda, y así ocurrió durante la jornada del sábado, acerca de la efectividad de las distintas terapias y herramientas. Si unas son más eficaces que otras, si ésta me ayudó a mi pero esta otra no, si ójala hubiese conocido aquella antes. Pudimos ver incluso alguna comparativa entre ellas a raíz de una encuesta promovida por Petales y explicada en las jornadas por parte de Javier Herrera, abogado y presidente de PETALES. Si hablamos solamente de técnicas, unas ya han sido contrastadas empíricamente y suficientemente validadas y otras no lo están aún pero es cuestión de tiempo que acabarán siendo validadas y reconocidas por las autoridades científicas dado que apuntan de momento buenos y esperanzadores resultados. Pero hablar solamente de técnicas es olvidar algo fundamental, y en particular cuando nos dirigimos a población adoptada y familias adoptivas. En este caso me refiero a no olvidar la transcendencia de la alianza terapéutica, elemento esencial en toda psicoterapia.  Éste concepto, acuñado por Bordin en 1979, sostiene que una adecuada alianza terapéutica es un factor de cambio esencial en toda forma de psicoterapia, aunque la naturaleza del cambio varíe en función de la modalidad psicoterapéutica. La idea de la alianza terapéutica tiene su origen en el modelo psicoanalítico, pero se ha generalizado al resto de modelos. Y un componente de la alianza terapéutica es el vínculo terapéutico que se establece entre el paciente y el terapeuta, favorecido por factores como la calidez, aceptación positiva incondicional, autenticidad y empatía del terapeuta con su paciente. Esto último no va a depender de la técnica y sí de la persona que ejerce la profesión. Durante mis 17 años de experiencia ininterrumpida como psicólogo atendiendo personas, junto a la de tantos colegas de profesión de un amplio espectro de técnicas y orientaciónes psicoterapéuticas, he podido comprobar cómo esto es así día tras día. Una buena técnica resulta fallida si el vínculo creado no ha sido satisfactorio, y por otro lado si una técnica no resulta del todo eficaz pero sí se ha construído un vínculo reparador, la experiencia terapéutica dará frutos en alguna dirección. Como he escuchado a algún colega, “las terapias funcionan a pesar de las técnicas y de los psicólogos”. Y esto es así porque el vinculo en si mismo ya repara, y no se nos debe olvidar. El niño, joven o adulto que fue adoptado, anteriormente fue abandonado. Y tal como señaló durante las jornadas Javier Álvarez Osorio, presidente de ARFACYL, “el abandono en si mismo es un maltrato”. Por ello excluir el vínculo terapéutico como variable determinante en los procesos terapéuticos es no haber entendido nada acerca de la adopción. Y no solo el vínculo con el joven adoptado, también con la familia que desde mucho tiempo antes de adoptar ha recorrido un auténtico carrera de fondo y obstáculos, llena de frustraciones e incertidumbre, hasta llegar ese momento. Cuidemos por favor ese vínculo todos los protagonistas implicados en la atención a la persona adoptada y persona adoptante, desde psicólogos, maestros, profesionales de la administración, trabajadores sociales, educadores,  hasta un largo espectro de profesionales.

Familias y jóvenes adoptados recorrerán desde el principio y se expondrán a distintas orientaciones psicoterapéuticas y técnicas. Toda intervención sumará siempre que se haga con honestidad,  honradez y profesionalidad entre otras virtudes, y cuidemos la relación terapéutica a través del vínculo. En numerosas ocasiones ocurre que el resultado de una intervención no es el esperado y merecido por la persona atendida. No olvidemos que cada momento e intervención, forman parte de un largo proceso en el que si se ha cuidado lo suficientemente bien y siempre desde el BUEN trato a esa persona, en si mismo ese trato será reparador. Nuestro trabajo es un continuo reparar, que nunca llegará a compensar el daño recibido, pero si ayudará a crecer, madurar y en el mejor de los casos favorecerá aquello que llamamos resiliencia.

César Sánchez Prieto

 

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