Los miedos de los padres

Los miedos de los padres

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Hace unas semanas leí un magnífico post de Adopción punto de encuentro escrito por Íñigo Martínez de Mandojana, al que felicito desde aquí por los originales y geniales post que siempre escribe. Éste último, si no lo habéis leído os recomiendo hacerlo; podéis verlo en el siguiente enlace: http://adopcionpuntodeencuentro.com/web/miedo-del-miedo-que-da-por-inigo-martinez-de-mandojana/?fbclid=IwAR3x2sjs5R384bLyj64f_dIbOP1jIFibH85BdC7.

En él nos habla de los miedos que tienen las personas adoptadas, que Íñigo ha sabido reflejar y transmitir con muchísimo acierto y claridad.

En nuestras conversaciones con los compis de Apananá, aparecen también con frecuencia los miedos de los padres adoptivos y hoy os quiero hablar sobre ellos ya que, ocultar esos miedos, lejos de que puedan pasar desapercibidos, pueden palparse en el reflejo de los hijos.

Pero ¿de qué miedos estamos hablando?

En mi opinión, existe un primer miedo relacionado con el juicio experimentado por los padres adoptivos. Estos padres llevan a sus espaldas la  vivencia de un gran cúmulo de presiones sociales. En no pocos casos han sentido una gran presión social de quienes de manera indiscreta se han permitido emitir juicios de valor sobre los motivos por los que no han podido concebir y qué debían hacer para conseguirlo. Más adelante y, después de un largo proceso, se han visto sometidos muy frecuentemente a opiniones y valoraciones que no pedían sobre lo que socialmente muchas personas presuponen que es adoptar.

Después de haber sido la adopción su opción más o menos meditada, muy esperada y demasiado deseada , sienten miedo a “pedir ayuda” por el temor que existe al: “ya te lo advertí”, “quién te mandó meterte en esto con lo tranquilos que viviais..”  y este miedo se traduce en una habitual ausencia en los recursos que están a su alcance, tanto durante la espera como después de la llegada del hijo, porque acudir a ellos se puede interpretar como “fracaso suyo”, como algo que han hecho mal para llegar a esa situación, como que ellos solos no pueden…

Otro miedo que suele estar presente es el temor a que el hijo sea diferente a los demás y a querer evitar esas diferencias a toda costa. Pero cuando en vez de entender y aceptar las diferencias, éstas se tapan, lo que se hace es negar la realidad; se niegan las condiciones y características específicas que va a vivenciar una persona adoptada de otra que no lo es. Es tal ese miedo que se intenta “normalizar” todo tanto que se pasa al extremo de no abordar las diferencias que el hijo adoptado ha vivido. Si el hijo no hace preguntas sobre su adopción el padre/madre interpreta que es porque no le interesa; el comportamiento del hijo se interpreta como motivo de rebeldía y que le cuesten los estudios se justifica con la premisa “ esto le ocurre porque es vago”.

También nos encontramos con el “miedo a que mi hijo sufra”. Con el dolor que causa saber que el hijo ya sufrió en su pasado y que ya ha sufrido un abandono, surge el padre/madre que quiere evitar a toda costa que su hijo siga sufriendo y para ello evita cualquier motivo que pueda hacer resurgir el dolor. De esta manera cree que protege a su hijo: no hay una evolución en lo que se comunica al hijo sobre su origen  dulcificando la información de su origen cuando el hijo ya cuenta con la suficiente madurez emocional para comprender y aceptar la información. Es importante recordar, en estos momentos, que el saber aunque puede causar un gran dolor en un momento determinado, se puede llegar a aceptar aunque no siempre se comprenda y ese dolor tenderá a aplacarse. Sin embargo, cuando no se sabe, cuando no hay información o incluso peor, cuando hay secretos, el dolor es mucho mayor y éste no desaparece. Se muestra en sentimiento de vacío recurrente.

El miedo que sienten muchos padres a que “mi hijo me deje de querer” o a “que se vaya algún día” se refleja en forma de silencios; cuesta entonces integrar a la familia biológica como parte de la vida del hijo y como parte de su identidad. Y el hijo entonces se siente en un conflicto de lealtades en el que si se decanta por una de las dos partes, está haciendo daño a la otra… y se calla su dolor porque el silencio atrae más silencio.

Cuando los padres por temor tapan la realidad y las necesidades de sus hijos los que sufren esos miedos son los hijos. Porque ellos se seguirán sintiendo “bichos raros”, porque será preferible no expresar sus diferencias, necesidades y demandas; porque les parecerán “tonterías” sus sentimientos; porque no encontrarán entre sus iguales a alguien que realmente sea igual que ellos; porque seguirán guardando silencio por miedo a defraudar a sus padres y a su entorno.

¿Y cómo pueden superar esos miedos los padres? Cuando un hijo se pone enfermo, los padres buscan la solución para curarle. Es como si los padres temiesen llevar a su hijo enfermo al hospital por miedo a que ellos fuesen culpables, pongamos por caso, de la bronquitis de su hijo. Si esos padres no acudiesen en ese momento al hospital, esa bronquitis podría derivar en una neumonía.

Los padres necesitan comprender y entender que el origen de muchos conflictos familiares no parte de sus hijos sino que nace de sus propios miedos, que no han sido escuchados y sostenidos adecuadamente. Cuando los padres se apoyan en los recursos existentes para trabajar sus miedos,esos apoyos les pueden ayudar a entender mejor al hijo; les puede ayudar a aprender a comunicarse mejor con él/ella; pueden encontrar un lugar en el que compartir con otros padres y madres en la misma situación inquietudes comunes y  los hijos pueden contar con un espacio en el que encuentran referentes de iguales y profesionales que hablen su mismo idioma con ausencia de juicio, que es el origen de esos temores.

Acudir a los recursos de apoyo no es sólo un factor de protección preventivo, que ofrece mayores garantías de éxito en el funcionamiento de las familias adoptivas, sino que además, para eso están creados.

Belén Ruiz de Miguel

 

 

 

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Recordando el Taller de regulación emocional.

Recordando el Taller de regulación emocional.

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El pasado sábado 27 de octubre, la Asociación Atlas volvió a invitarnos a participar. Esta vez, César Sánchez, psicólogo de Apananá, impartió un taller sobre Regulación Emocional. A continuación, os mostramos un resumen de lo que fue la sesión.

César comenzó introduciendo qué son las emociones y por qué todas las emociones son necesarias ya que todas nos enseñan algo. Además nos explicó que toda decisión y conducta conlleva una emoción.

Entre todas las emociones, César quiso centrarse en la ansiedad  ya que se trata de una emoción desconocida pero muy importante. Nos explicó que ciertos niveles de ansiedad son útiles y necesarios para emprender acciones, ya que si no tenemos un cierto nivel de ansiedad nuestro rendimiento no será el más óptimo. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a situaciones en las que además de percibir una amenaza, también percibimos que no tenemos recursos suficientes para afrontarla, aumentan nuestros niveles de ansiedad. A su vez nuestros recursos de respuesta disminuyen, optando por la agresividad o por la huida. Una opción alternativa podría ser racionalizar esos pensamientos que previamente hemos confirmado como reales y nos hacen mucho daño.

Es importante reconocer dónde está la diferencia entre la ansiedad normal y la ansiedad patológica.

Cuando acumulamos niveles de ansiedad muy altos y prolongados en el tiempo, reaccionamos de manera desproporcionada y agresiva ante cualquier disparador.

La agresividad entonces se puede manifestar de maneras diferentes, no sólo con violencia física y verbal; también hay otras formas de violencia como los silencios, “hacer el vacío”, la ironía, etc.

La curva de la hostilidad de Barbara Allaire y Robert McNeill nos indica que en el momento del disparo en que la situación se siente y percibe como frustrante (momento en el que la persona estalla), no se debe reaccionar nunca con provocaciones ni es momento de consejos. Hay que dejar que el “estallido” pase manteniéndonos calmados hasta que esa reacción se va enlenteciendo. Cuando esa activación va disminuyendo podemos entonces poner en marcha las conductas de afrontamiento. Sin embargo, debemos esperar a que  se haya producido el enfriamiento de ese disparador para buscar soluciones.

¿Cómo debemos intervenir en la fase de afrontamiento?: activando nuestro autocontrol, mediante la escucha activa, reservándonos los juicios, mostrando empatía y haciéndoselo saber a la persona, expresando nuestros sentimientos, ofreciendo otras formas de actuación. No significa que tengamos que darle la razón.

Entender que para que el hijo aprenda a regularse emocionalmente primero tienen que aprender a regularse los padres. Es un proceso lento y difícil pero necesario.

Hay distintas técnicas y herramientas que ayudan a reducir la ansiedad, como la práctica de la meditación, mindfulness, yoga, etc.

César realizó un ejercicio de respiración diafragmática con los asistentes al taller para que pudiésemos comprobar cómo, a través de este tipo de respiración podemos reducir también nuestros niveles de ansiedad.

Por último, nos mostró la Realidad Virtual como herramienta eficaz para reducir la ansiedad y fobias ante distintos tipos de situaciones. Mediante la exposición repetitiva a situaciones que nos producen ansiedad y, siempre acompañados por un profesional especializado en ello, podemos ver disminuidos nuestros niveles de ansiedad. Algunos asistentes tuvieron la oportunidad de experimentar lo que se siente y percibe en un primer ejercicio de realidad virtual.

El equipo de Apananá nos sentimos satisfechos con la sesión y con el feedback de los asistentes, aunque nos habría gustado tener más tiempo para poder profundizar más, ya que las casi 3 horas se quedaron cortas. Gracias a la Asociación Atlas por volver a contar con nosotros y por el numeroso grupo de asistentes que mostraron interés en participar.

Belén Ruiz de Miguel