Mucha pantalla, poca vida real.

Mucha pantalla, poca vida real.

La sexta 2 de agosto de 2018:

Mucha pantalla, poca vida real: los menores de hoy día pasan más tiempo que nunca con móviles y tablets en verano

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La incorporación al colegio del niño adoptado

La incorporación al colegio del niño adoptado

Tablero, Escuela, Regreso A La Escuela, Atrás

Nos encontramos a las puertas de un nuevo curso escolar. Para todos los niños, la vuelta a la escuela supone un gran choque tras una temporada relajada de horarios, de mayor descanso, juego, tiempo y disfrute en familia.

Si este choque es grande para el niño que retoma un nuevo curso escolar, ¿qué supone la incorporación a la escuela para el niño adoptado que accede por primera vez a nuestro sistema escolar? ¿debe ser su incorporación a la escuela igual que la de los otros niños? ¿cuándo debe hacerse?¿cómo debe hacerse? ¿qué debe saber el profesorado de esta situación diferente?

Antes de dar respuesta a estas preguntas, conviene saber que los primeros aprendizajes de nuestra vida los adquirimos a través de nuestros padres o cuidadores principales, a través de los cuales integramos en nuestro cerebro desde los estímulos más básicos hasta los aprendizajes más complejos. Los padres estimulan a través de la palabra y el afecto, enseñan a jugar, a dialogar, a entender bromas, juegos de palabras, ironías, etc. Todos estos aprendizajes informales asientan las bases para que el niño pueda adquirir posteriormente y de forma progresiva otros aprendizajes más formales y complejos, como los que aprenderán en la escuela.

Cuando el niño ha carecido de esta atención a causa del abandono, negligencia, institucionalización, etc, le queda una “huella” que incide directamente, no sólo en el patrón de apego que adquiere, sino también en su forma de aprender.

El psicólogo B.Gindis se refirió a las dificultades cognitivas y de rendimiento escolar derivadas de las carencias vividas durante el período previo a la adopción con el nombre de déficit cognitivo acumulativo, que afecta al correcto desarrollo de las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, resolución de problemas, flexibilidad cognitiva, control inhibitorio y emocional) y juegan un importante papel en el aprendizaje y en la regulación de la conducta. Algunos estudios indican que el hecho de estar expuesto durante más tiempo a una situación de adversidad generan más déficit cognitivo.

En el entorno escolar, se traducen a menudo en alteraciones de la conducta, estado de ánimo y dificultades en la regulación emocional. Algunos autores como el catedrático J.Palacios indican que este tipo de problemas son más significativos en los niños adoptados que en los otros y señalan que estas dificultades para centrar la atención y controlar los impulsos afectan plenamente a los aprendizajes.

Es necesario reparar primero lo afectivo para que lo cognitivo pueda comenzar a funcionar adecuadamente ya que para que un niño pueda aprender necesita primero sentirse seguro.

Los padres adoptivos tienen que ser conocedores y conscientes de que sus hijos a menudo parten de una situación de desventaja con respecto a otros niños cuyo comienzo en la vida ha estado exento de estas carencias.

Por este motivo, las familias deben reflexionar sobre varios aspectos antes de la incorporación de su hijo al colegio, ya que esta reflexión les permitirá comprenderles y ajustar sus expectativas a su realidad y no a sus propios deseos personales. Asimismo les puede ayudar en la elección del colegio.

En concreto deben reflexionar sobre la situación individual de su hijo en los siguientes aspectos:

  • Cuál ha sido su historia de vida hasta llegar a nosotros y durante cuánto tiempo ha vivido en esa situación: si ha vivido con anterioridad en familia o por primera vez está aprendiendo lo que significa tener una familia; si ha estado institucionalizado; por cuántas figuras de referencia ha pasado a lo largo de estos años (¿familia biológica, institución, familia de acogida?) y cómo han sido estas figuras.
  • Con qué edad llega a su familia adoptiva o de acogida: si ha estado antes escolarizado o no y cómo ha sido esa escolarización; en el caso de que proceda de un país con un idioma diferente, en qué momento del aprendizaje de su idioma de origen se encuentra (si todavía no lo ha aprendido, si lo tiene consolidado, si se le ha interrumpido en mitad de su aprendizaje…).
  • Cuál es el estado de salud con el que llega: si tiene alguna enfermedad o dificultad física o psíquica, de qué tipo y cómo le puede afectar esto.

Es importante no precipitar su incorporación a la escuela. Lo primero que necesita el niño adoptado recién llegado es una familia disponible y atenta a sus necesidades, que le proporcione un ambiente seguro y que le ayude a minimizar el estrés que le puede provocar tener que asimilar tantos cambios al mismo tiempo.

Cuanto más se pueda afianzar ese vínculo antes de su llegada a la escuela, mejor será su adaptación y en mejores condiciones estará para poder aprender. En caso contrario, su incorporación a la escuela podrá ser una fuente añadida de estrés.

Con frecuencia, los padres adoptivos piensan que su hijo realmente lo que desea es estar con otros niños porque en el centro en que vivía estaba con muchos niños y en casa con ellos solos se aburre. Sin embargo, el niño que ha estado institucionalizado mucho tiempo precisamente de lo que ha carecido es de ser atendido con exclusividad, no ha recibido ese trato individualizado tan necesario por parte de sus figuras principales, no sabe lo que significa compartir porque nunca antes ha tenido nada propio, no ha tenido la oportunidad de aprender a jugar y relacionarse adecuadamente con los demás.

Aunque no hay una receta mágica sobre cuál es el momento idóneo para la incorporación a la guardería/escuela, se recomienda que al menos se cumpla el período de permiso de maternidad/paternidad, contemplando la posibilidad de alargar dicho período en caso de ser posible. Esto es importante con independencia de la edad del niño.

Una vez seleccionado el colegio, es muy positivo que la incorporación esté preparada con anterioridad en comunicación y participación directa con el colegio. Siempre habrá profesores y directores de colegio con mayores aptitudes y empatía que otros, pero es fundamental concienciar a la comunidad educativa de la respuesta que se debe prestar ante estas necesidades.

Sería conveniente solicitar una reunión individual con el jefe de estudios del curso de nuestro hijo, el que va a ser su profesor o profesores y el psicólogo del centro, para informarles de la situación y/o características de nuestro hijo, de cara a que puedan comprenderle y poder detectar posibles necesidades o dificultades.

Si la familia lo desea, un Servicio de Postadopción puede funcionar como puente de unión entre familia y escuela, que ayude en primer lugar al niño, pero también y consecuentemente al profesorado (facilitándoles pautas y recomendaciones beneficiosas para que el niño adquiera esta base segura en el aprendizaje y en su relación los compañeros) y a sus padres (adecuando sus expectativas escolares).

Además, es aconsejable que el niño haya podido visitar con anterioridad las instalaciones del colegio, la que va a ser su clase y que haya podido conocer al que va a ser su profesor o profesores, ya que esto le ayudará a sentirse seguro en un ambiente predecible.

Por último, sería bueno realizar una adaptación gradual y progresiva, para ayudar al niño a adquirir confianza en el nuevo entorno. Muy importante es evitar todas aquellas situaciones que le puedan hacer revivir el sentimiento de abandono, por lo que, entre otras cosas, los padres deben prestar especial atención a ser escrupulosamente puntuales al recogerles a la salida del colegio.

Cuidando estos detalles facilitamos la adaptación escolar de nuestro hijo.

¡Feliz vuelta al cole para todos!

Belén Ruiz de Miguel

Encuentro de familias en la Sierra de Madrid

Encuentro de familias en la Sierra de Madrid

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El pasado 16 de junio llevamos a cabo ¡por fin! el Encuentro para Familias Adoptivas y Acogedoras que con tanta ilusión habíamos preparado el equipo de Apananá. Tras tener que posponer la primera convocatoria organizada para el 3 de junio debido a la previsión de lluvias, el día 16 pudimos disfrutar de un maravilloso día soleado en un campo precioso con un verde intenso que habían dejado las recientes lluvias.

Así como en la naturaleza todo fluye por sí solo, de la misma manera ocurrió durante el encuentro entre las familias que acudieron al evento. Y qué mejor escenario que la propia naturaleza en un entorno privilegiado como es el valle de la Fuenfría, ese tesoro que tenemos alejándonos tan solo unos kilómetros del asfalto de la ciudad.

Rescatados todos y todas de nuestras rutinas diarias, de nuestros espacios cerrados como lo son oficinas, despachos y aulas, de repente nos encontramos en un oasis donde pudimos sintonizar con la naturaleza y dejar fluir ideas a padres y madres, y creatividad y juego por parte de niños y niñas, éstos acompañados de manera muy especial, sensible y cuidadosa por Ana y Vandita.

Habitualmente hay encuentros entre familias adoptivas o acogedoras pero nosotros queríamos organizar un encuentro conjunto en el que familias adoptivas y acogedoras pudiesen interrelacionar entre sí, ya que comparten mucho en común y es muy enriquecedor lo que pueden aportarse unas a otras.

Las familias de acogida forman parte de la historia de vida de muchos niñ@s adoptad@s y nosotros pensamos que es importante y positivo hacer posible que ese contacto se conserve. Las familias acogedoras realizan una labor extraordinaria proporcionando la estabilidad, incondicionalidad y seguridad de una familia y evitando la institucionalización. Las familias adoptivas deben ser conscientes de los beneficios que sus hijos han obtenido gracias a la generosidad de estas familias y reconocer que son parte importante de la vida e identidad de sus hijos.

Desde Apananá queríamos conocer las necesidades de las familias que allí se encontraban, y qué mejor manera que un entorno sin pizarras, sin pantallas, sin pupitres, sin paredes y sin horarios para dejar fluir sus experiencias, impresiones, dudas y necesidades. El uso de las tecnologías de la información y la comunicación, la educación afectivo-sexual, el bullying y la adolescencia fueron algunas de las inquietudes expresadas por madres y padres. De todo ello tomamos nota, desde luego.

Y sin duda, ver a esos padres y madres compartiendo de manera informal, espontánea, tan natural y directa sus experiencias, fue una de nuestras recompensas ese día. Por otro lado, todo ello supuso un ejemplo de autocuidado que merecen y necesitan, teniendo tanto a sus espaldas. No olvidemos el valor del autocuidado. Recibir para poder dar.

Los protagonistas de este encuentro fueron los niños que pasaron un día genial y sus caras eran reflejo de ello. Aunque al principio algunos no querían separarse de sus padres, según avanzó el día no querían irse. Este encuentro les sirvió para ver a niños como ellos (adoptados y acogidos) y sentirse identificados. Además, pudieron disfrutar de juegos y canciones acompañados por Ana y Vandi. Mientras tanto, los adolescentes prefirieron unirse entre ellos y “estar a su aire”.

Otro grupo numeroso de niños se hicieron “un amigo muy especial”: un gran árbol junto al que pasaron horas y horas alrededor de él, trepando, desplazando y transportando las ramas caídas y jugando bajo su sombra. Era increíble la atracción por ese árbol.

En el coche de vuelta, lo comentamos entre el equipo y pensamos en la metáfora que nos enseñaba este árbol tan especial: el árbol simbolizaba el referente que estos pequeños necesitan, ya que les había ofrecido durante todo el día su protección y cobijo, les había cuidado con su sombra, les había abrazado con sus ramas y divertido con sus juegos…y los niños no necesitaron nada más.

La música fue otra gran protagonista del día. Ana nos mostró instrumentos de todos los rincones del mundo que fue sacando de su interminable mochila, disfrutando entre todos de las diferentes melodías que podíamos obtener con ellos, con nuestra voz y con nuestro cuerpo. El lenguaje de la música es universal y consigue llegar donde las palabras muchas veces no pueden.

Este encuentro también nos ha recordado la importancia del valor del contacto, y no el contacto que hace posible cualquiera de las maravillosas maneras que nos ofrecen las telecomunicaciones y gracias a las que podemos unirnos personas con intereses y necesidades comunes, sino el contacto directo, el visual, el auditivo, el del sentido del tacto, ese contacto que se hace tan difícil en el día a día.

Lo que aquel día vivimos todos, supone también una reivindicación de ese contacto directo y humano que necesitamos los adultos y también niños y niñas que han vivido una historia donde ese contacto en muchas ocasiones no ha existido y otras veces ha sido excesivamente cruel.

Realizar este encuentro ha sido para nosotros un regalo después de tanto tiempo de esfuerzo, trabajo y dedicación. Con frecuencia nos planteamos si realmente nuestro trabajo tiene sentido, y si realmente las necesidades que nosotros percibimos las familias las sienten. Es difícil no rendirse con todas las piedras que aparecen en el camino.

Sin embargo, el 16 de junio no hicieron falta palabras. Nos bastó observar las caras y actitudes de los protagonistas para saber que sí es importante estar y continuar.

Belén Ruiz de Miguel

César Sánchez Prieto

Vandita García Garrido

Hay gente maravillosa

Hay gente maravillosa

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Hace poco coincidí con una niña y su madre en una tienda de regalos, decoración, complementos y artículos variados de lo más original, protagonizando ambas una escena que me pareció entrañable y sobre todo admirable. La niña, posiblemente no tan niña, jugaba sorprendida con cada uno de los artículos que le llamaban la atención, sentándose en el suelo y jugando como probablemente lo haría una niña de menor edad que ella. De repente se levantaba dirigiéndose a otra estantería buscando otro objeto con el que jugar y volvía a sentarse con entusiasmo. Era como si fuera la primera vez que entraba en un establecimiento así, no escondiendo la  sorpresa y entusiasmo que despertaban en ella cualquier artículo que allí hubiera, fuera original o no. Y tal vez era la primera vez. Sus rasgos eran asiáticos, y los de la persona que le acompañaba eran rasgos occidentales. Posiblemente no había ningún vínculo biológico. Y fue esa persona que le acompañaba y que probablemente fuera su madre, tal vez adoptiva, quien despertó del todo mi admiración. Su manera de acompañar ese momento y a esa niña, su expresión tranquila y sonriente, su distancia física suficiente para no invadir el espacio de la niña pero suficiente a la vez para que aquella niña se sintiera acompañada y segura, y en definitiva su manera de respetar lo que esa niña necesitaba, me llevó a concluir que esa madre había entendido muy bien que probablemente su hija necesitaba experimentar aquello que aunque tan infantil y regresivo resultara, tan reparador era. Precisamente porque con probabilidad en su lugar de origen no tuvo la oportunidad de hacerlo en su momento, al menos de una manera segura.  Cuando la madre consideró que debían marcharse, solo tuvo que pedírselo amablemente y sin rechistar la chica se levantó y caminó hacia ella, saliendo juntas de aquella tienda. Pienso que mucha gente en el lugar de esta madre hubiese intentado corregir, regañar, censurar, invadir, hasta levantar la voz. Tal vez movilizados por la vergüenza, o la culpa, tal vez por la angustia, o por la ansiedad y la urgencia por rectificar, reeducar y corregir, o tal vez por todo ello junto.

Quizá no sea tan extraño que ocurriera algo así y lo extraño es que nos paremos a reconocer y reforzar cuando un padre o una madre lo hacen bien. Estamos más acostumbrados a la crítica negativa, focalizando en aquello que consideramos “hace mal” y corrigiendo conductas y actitudes continuamente. Yo aquél día aprendí mucho, de la niña y de la madre. Para mi fueron las heroínas aquel día.

César Sánchez Prieto